El negocio de morirse

Mientras las especulaciones sobre su muerte continúan, Whitney Houston es hoy el nombre más repetido en las páginas de los periódicos de todo el mundo.

Es ahora cuando la cantante estadounidense vive su máximo momento de esplendor, sólo comparable a su éxito de hace dos décadas, enterrando el largo periodo de ostracismo que vivió desde que se conoció su adicción a las drogas y las malas compañías. Las últimas investigaciones apuntan a que Whitney murió de una combinación de fármacos, y no ahogada, como se apuntó en un primer momento. No obstante, la Policía de Beverly Hills mantiene abiertas todas las hipótesis y la causa definitiva de la muerte no se conocerá hasta dentro de seis u ocho semanas. Fuentes de la investigación informaron a la familia de que la estrella consumió un ansiolítico (Xanax), otras medicinas prescritas por médicos… y alcohol, con lo que el cóctel tuvo un resultado letal. Muchos se sentirán con el derecho a pensar que la combinación de fármacos y licor no es otra cosa que la combinación preferida por alguien cansado de vivir.

Como cualquier gran artista, Whitney parecía tener preparada una actuación estelar para acaparar toda la atención en la entrega de los premios Grammy. En este caso, su escenario elegido sería la fría bañera de un hotel de Los Ángeles, y conseguiría eclipsar la entrega de los galardones más famosos de la música. Hoy nadie habla de Adele, la gran triunfadora de la noche con seis estatuas, sino de Whitney.

Y más rápido que nadie se movió su casa de discos, Sony Music, con el poder que da la experiencia acumulada con casos como los de Michael Jackson o Amy Winehouse, quienes compartían distribuidora con Whitney.

Arrasando en iTunes
A las pocas horas del fallecimiento, Sony Music decidió aumentar el precio del álbum de sus grandes éxitos de 6 a 9,5 euros en iTunes. Los beneficios (económicos, que no morales) no tardaron en llegar y su conocida canción «I Will Always Love You», de la banda sonora de «El guardaespaldas», también fue ayer la grabación más vendida en iTunes, mientras su álbum de grandes éxitos se situó en el número dos, sólo detrás de «21», de Adele. Además, sus canciones ocuparon 42 posiciones en el Top 200 de iTunes y en las listas de Amazon 10 lugares en el Top 20 de álbumes.

Billboard, que clasifica las ventas de música, dijo que se esperaba que la leyenda del pop vendiera más de 50.000 unidades apenas dos días después de su muerte el sábado a los 48 años, lo que catapultaría a la cantante a los 20 primeros lugares del Billboard 200. Una fama que no poseía desde hace dos décadas. Fue en 1992 cuando Whitney alcanzó el pico más alto, coincidiendo con el estreno de «El guardaespaldas». En aquellos momentos, Whitney era la reina de América y marcaba estilo. Al tiempo, lideraba una corte de seguidoras que encontrarían fortuna imitando el derroche vocal de la Houston.

Pero la historia, tan tozuda, se repitió. Whitney comenzó a vivir su vida y mostró muy poca cabeza con sus elecciones. Casada con el rapero Bobby Brown en 1992, una década después comenzaron a trascender tétricos episodios de su vida marital. Mientras, la chica se presentaba progresivamente desmejorada hasta confesar públicamente que consumía todo tipo de drogas, incluida la heroína. Entonces su querida América, aquella que tanto la amaba, no quiso saber nada de ella. En definitiva: tiró a Whitney a la basura. Y ella tampoco hizo demasiado por salir del cubo. Según la cadena de televisión NBC, su funeral podría celebrarse entre el viernes y el sábado en Nueva Jersey, la ciudad donde nació.

Aunque parezca una ironía, 2012 sí será el año de Houston. Mientras los productores de «Sparkle» (película inspirada en The Supremes y en la que se trataba el peso de la fama en los artistas adolescentes) se frotan las manos y anuncian que seguirá vigente su estreno, en verano, Sony Music ya comienza a consultar con los herederos la fecha para sacar un nuevo disco de la artista, todavía con el cadáver caliente. Así, la compañía de discos no tuvo empacho en reconocer que se reunirán esta semana para determinar una estrategia de comercialización de los nueve álbumes dejados por Houston y lo que pueda a haber nuevo en el cajón. Como se pudo comprobar con el reciente «Lioness», de Amy Winehouse, valdrá cualquier cosa que parezca presentable, cualquier toma falsa o inéditos de ínfima categoría. Como decían los Kinks, lo fundamental es «darle a la gente lo que quiere».

 

El detalle
¿PUEDE MATAR EL XANAX?

Según el Dr. Javier Quintero, jefe de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Leonor, el Xanax, medicamento que ingirió Whitney Houston, no es peligroso en sí mismo: «El alprazolam es un fármaco cuya indicación principal es el tratamiento sintomático de la ansiedad. Pertenece a la familia de las benzodiacepinas, que constituyen un grupo heterogéneo, pero en general bien tolerado y seguro cuando son utilizadas en las dosis prescritas y bajo estricto control médico. Su efecto sedante es potenciado por el alcohol, con lo que no se puede hacer un uso concomitante».
 

 

Millonarias ventas post mórtem
En 2009, tras la muerte de Michael Jackson, Sony Music comercializó agresivamente álbumes de Jackson y los ejecutivos pudieron vanagloriarse de las cifras obtenidas: más de 8,2 millones de discos vendidos en Estados Unidos y más de 35 millones en todo el mundo, según Billboard. «La muerte de Michael Jackson fue la tormenta perfecta para Sony porque se estaba preparando para una gira mundial que ya estaba recibiendo mucha publicidad», dijo Lance Grode, ex responsable de negocios internacionales de MCA Records y ahora de Universal Music. Y añadió: «No quieres parecer demasiado ansioso, pero también quieres aprovechar la atención que la estrella está recibiendo en ese momento». No hay duda de que en estos tiempos de crisis la industria ha encontrado un filón con la explotación de los cadáveres y sólo hay que barrer debajo de la alfombra para encontrar dinero. Sony Music explota el catálogo de Elvis, Michael Jackson y Whitney Houston; EMI-Universal lo hace con los Beatles; Warner tiene a Sinatra… Se podría decir que, en un insólito caso contrario a las leyes naturales, la vaca sigue dando leche después de muerta.