El Ejército británico víctima de la lucha contra el déficit público

La misma semana en la que el Gobierno se juega el todo o nada con el mayor tijeretazo en tiempos de paz, David Cameron se atrevió con el otro gran caballo de batalla. El primer ministro presentó ayer en Westminster la revisión de la Estrategia de Seguridad y Defensa, la primera en doce años

David Cameron a su llegada a Downing Street, ayer
David Cameron a su llegada a Downing Street, ayer

El plato fuerte era conocido, pero no por ello causó menos impacto. Habrá un recorte del 8% en el presupuesto en los próximos cuatro años, lo que conllevará el cierre de bases, una reducción de tropas y la anulación de contratos para aviones.

Se trata de una de las áreas más sensibles y su polémico ajuste ha sido el responsable del primer enfrentamiento dentro de las filas «tories». El ministro de Defensa, Liam Fox, se atrevió a retar al ministro del Tesoro, George Osborne, y el «premier» tuvo que intervenir para evitar una escisión en su Gobierno.

En un principio, estaba previsto un recorte entre el 10% y 20% (nada comparado con el 40% con el que se toparán otros departamentos), pero tras varias negociaciones se alcanzó un acuerdo.

La medida que acaparó más titulares fue la que afecta al «HMS Ark Royal», buque insignia de la Marina Real. El único portaaviones británico totalmente operacional, botado en 1985, debía pasar a desguace en 2014, pero el Gobierno ha adelantado los trámites. La decisión se traduce en que Reino Unido no podrá hacer despegar cazas desde el mar hasta 2019 o incluso 2020, fecha en que estará en funcionamiento uno de los nuevos portaaviones en construcción. Hay dos encargados y el Ejecutivo seguirá adelante, ya que costaba más cancelarlo que mantenerlo.

Por otra parte, las Fuerzas Armadas perderán 17.000 efectivos en un plazo de cinco años mientras que el Ministerio de Defensa despedirá a 25.000 personas. Sin embargo, Cameron recalcó que, pese a los recortes, la campaña en Afganistán no se verá afectada porque se financia con un presupuesto de reserva del Tesoro.

Con respecto al controvertido sistema Trident, el «premier» señaló que el reemplazo seguirá adelante, pero ágilmente convenció a sus socios de retrasar hasta 2016 la decisión final de gasto. Esta estrategia evita a Cameron uno de los principales puntos de fricción con los liberal demócratas, pues la ecuación no se resolverá hasta pasadas las elecciones.

Pese a todo, el «premier» aseguró que se cumplirá con el objetivo de la OTAN de invertir en defensa el 2% del PIB. Además, para tranquilizar a Washinton habló el lunes con el presidente Barack Obama para explicarle que Reino Unido seguirá siendo «una potencia militar de primer orden y un firme aliados de EE UU».