Aumenta la demanda de reproducción asistida en la sanidad pública

La crisis no logra acallar la llamada del reloj biológico, pero las futuras madres optan por la asistencia gratuita. Muchas adelantan su decisión

Una paciente se somete a la medición su útero a fin de valorara el riesgo de parto prematuro

Valencia- Los bebés de esta década no vendrán con un pan debajo del brazo. No importa. La coyuntura económica no logra frenar los deseos de las que se han empeñado en ser madres y no lo logran por métodos naturales. Si hasta hace poco la sanidad privada era la favorita para los procesos de fecundación artificial, la crisis ha cambiado las tornas y en estos momentos la pública está asumiendo ese trasvase de pacientes. En el caso del hospital del Manises, el crecimiento experimentado en las primeras consultas ha sido del treinta por ciento, según explica el jefe de su servicio de Ginecología, Fernando Gil.

«La llamada de la maternidad no se ha silenciado pese a la situación, lo que ha ocurrido es que ahora vienen a nosotros». No obstante, el catálogo de servicios públicos no es tan amplio como el de las clínicas, ni tan generoso. Así, los hospitales dependientes de la Conselleria no ofertan donaciones de óvulos ni esperma, dan prioridad a las que nunca han sido madres y establecen el límite de edad de las beneficiarias en cuarenta años. Y es precisamente este motivo el que está provocando la prisa en las mujeres.

«Muchas de las que desean ser madres, quizás se hubieran esperado un poco más», pero saben que, si lo hacen, no podrán optar por la vía más barata, aclara el doctor Gil. Así que adelantan una decisión que, de correr tiempos mejores, hubieran retrasado un par de años.

Más allá de los aspectos legales -la normativa española no marca un límite para la maternidad asistida- y de los éticos -la comunidad médica aconseja que no se produzca más tarde de los cincuenta- los expertos aconsejan no perder tiempo, algo que constatan, es cada vez más común -sólo el veinte por ciento de los primeros embarazos se dan en madres menores de treinta años. Porque la dilación maternal conlleva ciertos riesgos, no sólo para las gestantes, sino también para sus hijos. De este modo, en madres añosas es frecuente la diabetes o la hipertensión, mientras que los bebés corren más peligro de ser prematuros -el diez por ciento de los casos-, lo que va asociado a problemas respiratorios o alimenticios.