Ciclismo

Froome rojo africano

Podía ser el primer africano en vestirse de líder en la Vuelta. Pero no, Chris Froome no quiere serlo. Su madre era fisioterapeuta en Kenia y su padre, empresario en Suráfrica. Por eso él nació en Nairobi, la capital keniana, aunque corre con pasaporte británico. Pero el liderato de Chris Froome es sorprendente venga de donde venga. El domingo hizo un trabajo espectacular para Bradley Wiggins en el ascenso a La Covatilla y ayer, cuando todo el mundo esperaba a su jefe, Froome se vistió de rojo.

Froome fue segundo en la contrarreloj, pero se colocó como nuevo líder de la carrera
Froome fue segundo en la contrarreloj, pero se colocó como nuevo líder de la carrera

«Utilizaba la bicicleta para mis desplazamientos, pero no se puede decir que sea un corredor africano porque me hice ciclista en Gran Bretaña y mi licencia es británica», explicaba. Después de diez etapas, cuando la Vuelta llega casi a la mitad de la carrera, cuando se ha subido Sierra Nevada y La Covatilla, se han atacado los finales de Valdepeñas de Jaén y El Escorial y ya no quedan kilómetros contrarreloj por disputarse, el liderato ya no puede ser una casualidad. Froome fue segundo en la etapa, a 59 segundos del vencedor, Tony Martin. Wiggins, el jefe, se quedó a 23 segundos del africano que no quiere serlo. A 20 se queda en la general, tercero, con Fuglsang en medio. Wiggins salió encendido, marcó el mejor tiempo en el primer parcial, a los trece kilómetros. En el segundo ya le había superado Martin y, al final, Froome se había colado entre ellos. El nuevo líder podría plantear un problema al Sky, pero asume su condición de laborioso ayudante de Wiggins.

Purito, que aspiraba a no perder demasiado tiempo, se dejó 5:24. Mejoró su resultado del año pasado y algo tiene que agradecerle a Mollema, que lo dobló. En el holandés encontró Joaquín una referencia. Pero las contrarrelojes siguen siendo su gran problema para ganar una Vuelta. «Que las quiten, por favor», bromeaba al final de la etapa. «La contrarreloj es el único día del ciclismo que no me gusta», reconoce. Pero encontró una diferencia con la de Peñafiel del año pasado que le anima: «Aquel día cuando acabé me quería ir a casa. Me dolía todo el cuerpo. Pero hoy tengo ganas de seguir luchando. Con la montaña que hay todavía se puede recuperar». El viento fue el gran enemigo de Purito, pero también de otros ciclistas con un físico más potente. Como Nibali. «A veces daba de costado, otras de cara y muy pocas, a favor. Eso complicaba mucho la etapa, que ha sido muy dura. Parecía un Mundial». Pero Nibali sigue siendo favorito.