La política conquista la primera fila

De nada le servía a Marujita Díaz hacer manitas con un jovenzuelo, a Camen Lomana cambiarse de modelo en cada desfile o a Romina Belluscio enseñar su nuevo tatuaje que comparte con Guti y que imita las huellas de su perra. El caché político del «front row» en el estreno de la pasarela hizo que otras «celebrities» se quedaran en un segundo plano impoisble de superar. Inauguró la jornada Esperanza Aguirre en el desfile de Roberto Verino. Luego se dejaron caer la ex ministra de Cultura Ángeles González-Sinde con Jesús del Pozo y Carmen Alborch hizo lo propio con Francis Montesinos. Pero fue Devota&Lomba el que acaparó más arco parlamentario, con el secretario de Estado de Cultura, José María Lasalle –se reunió junto antes con los diseñadores para mostrarle su apoyo en el impulso de la marca España–, los magenta Rosa Díez y Toni Cantó, así como la ex ministra, Cristina Garmendia. A Victorio&Lucchino asisitió una casi olvidada Magdalena Álvarez mientras que la alcadesa madrileña Ana Botella optó por darle su apoyo a Ágatha Ruiz de la Prada. Lo dicho, que con este plantel, resultaba anecdótica la presencia de Chenoa y sus salidas creativas a su falta de tino para encontrar novio: «El cardiólogo me ha dicho que estoy bien». O que Arancha de Benito casi se cruzara con la prometida de su ex, la de los tatuajes. Incluso, que toda la familia Bosé en pleno cumpliera con la visita de cortesía a Cibeles menos Olfo Bosé, al que en septiembre había que echar con agua hirviendo de Ifema.