«Cosmópolis»: Perezoso Cronenberg

Dirección y guión: David Cronenberg, según la novela de Don DeLillo. Intérpretes: Robert Pattinson, Paul Giamatti, Juliette Binoche. Canadá-Francia, 2012. Duración: 108 minutos. Drama.

«Cosmópolis»: Perezoso Cronenberg

¡Entre el «action painting» de Jackson Pollock en los créditos iniciales y el expresionismo abstracto de Rothko en los finales, se opera una transformación en el arte de la pintura, la consolidación del caos de formas y colores en una armónica y rígida estructura. El aliento revolucionario conlleva, pues, una organizada pulsión de muerte. Es una inteligente manera de visualizar desde lo abstracto el momento de tránsito que cuenta «Cosmópolis».

Mientras Eric Packer, al que presta su pálida figura un Robert Pattinson en plan modelo bressoniano, cruza Manhattan en su motorizado útero materno para cortarse el pelo en la barbería de su niñez, las élites del mundo le visitan para informarle de que no hay salida, de que su próstata asimétrica sigue calibrando las subidas y bajadas de la Bolsa, de que el dinero ya no habla un lenguaje que nos sirva.

En la excelente novela de Don DeLillo, Cronenberg ha encontrado otro texto inadaptable al que hincarle el diente y otro vehículo para demostrar sus nuevas teorías sobre el cine «como rostro que habla». Al contrario que «El almuerzo desnudo» y «Crash», auténticos libros de estilo sobre cómo acercarse a la literatura siendo fiel al espíritu mientras se reinventa la letra, «Cosmópolis» se conforma con copiar los diálogos de DeLillo y encapsularlos en una pecera sin sonido ambiente, una cárcel insonorizada a los gritos de los que protestan. La empecinada insularidad de la película, a la que contribuye lo literal del guión, la aleja del espectador, la transforma en un coche lento, farragoso, que Cronenberg conduce con la pereza de quienes se saben por encima del bien y del mal, de los que han olvidado que incluso en sus obras más radicales (como es, por ejemplo, «Videodrome») la prepotencia resultaba mala consejera.