«Cars 2» los motores vuelven a rugir

Alguno de los muchos admiradores de Pixar se habrá preguntado por qué la prestigiosa factoría de animación se decidió a hacer una secuela precisamente de «Cars». Todo el mundo puede entender que «Toy Story» se haya convertido en una saga.

O que se hable de una continuación de «Monstruos S.A.». Pero, tras la tibia acogida que tuvo «Cars» en 2006, nadie habría apostado por una nueva entrega. Y nadie lo habría hecho porque las razones de esta producción no responden, seguramente, a criterios cinematográficos. Detrás de «Cars 2» hay, de hecho, 10.000 millones de razones, que serían los dólares que el «merchandising» de la primera parte ha generado en ventas desde su estreno. El negocio que conlleva la película en este tipo de ventas no está lejos del del otras como «Stars Wars», «Spider Man» y «Harry Potter», así como, también de la casa Disney Pixar, la propia «Toy Story». Con todo, el estreno en Estados Unidos de esta secuela en 3D el pasado 26 de junio ha funcionado bien, con una taquilla de más de 66 millones de dólares.
En esta ocasión, Rayo McQueen y su equipo, encabezado por la grúa Mate, dejarán el pueblo perdido en la ruta 66 de Estados Unidos para viajar por el mundo y demostrar que McQueen es el coche más veloz. «El germen de esta película nace con la primera. Mientras John (Lasseter, el director de ambas) hacía la promoción por varios países del mundo de "Cars"se imaginó qué pasaría con los personajes si los sacáramos del pueblo y los lleváramos a una carrera internacional», explica Eduardo Martín, director técnico de iluminación y uno de los españoles que trabajan en Pixar.

Primera parada
Así, Tokio se convierte en la primera parada de los coches para festejar la inauguración del Gran Prix Mundial. La carrera nocturna en Tokio está inspirada en una competición de Fórmula 1, que se celebra por las calles de Singapur. Después irán a París. Aunque allí no se celebra ninguna carrera, esta parada resultará clave en la trama de espionaje internacional de la película. A continuación la acción se traslada a la Riviera italiana. Para crear la apariencia del pueblo costero de Porto Corsa, en Italia, el equipo de diseñadores combinó los circuitos de Mónaco con el terrreno de la Costa Amalfitana. Por último, el Gran Prix mundial finaliza en Londres.
«Se trata de una película muy rica en el aspecto de la iluminación porque viaja por distintos países con luces muy diferentes. Tokio está lleno de neones, es lo más representativo. Por eso las escenas son nocturnas, para explotar ese matiz. Londres está cubierto porque, normalmente, llueve. El Mediterráneo, la parte de la Riviera italiana, tiene el sol, la playa. La luz te da la personalidad y la atmósfera que se vive en esos sitios. No se trata sólo del diseño de los edificios», añade Martín.

El arco emocional
Juan Carlos Navarro, también español y parte del equipo de «Cars 2», explicó su labor como animador: «Somos como los actores. Nuestro trabajo es hacer que cuando la gente vaya al cine piense que esos personajes están vivos, que sientan con ellos y sigan el arco emocional y el arco de la historia. Trabajo básicamente como con una marioneta. El hecho de que se trate de coches es muy importante, porque, en Pixar, es esencial respetar la integridad del objeto sobre el que trabajas. Un coche tiene un peso y unos materiales concretos, no lo puedes tratar como un globo, o como una persona de carne y hueso. Cuando gesticulas debes pensar qué pasa con el coche y qué pasa con los ejes», explica el animador.
Para conseguir esta verosimilitud entre el dibujo y la realidad, los animadores fueron sometidos a un «coaching» muy particular: «Nos llevaron a circuitos de carreras para recibir instrucción de pilotos profesionales, y llegamos a conducir distintos tipo de coches para ver sus prestaciones, porque, de hecho, en la película aparecen vehículos de Fórmula 1, Nascar, rally y GT», explica Navarro. Aunque es su primera película en la factoría, los dos técnicos ya tienen clara, el axioma de Pixar, ese que los ha coronado como reyes de la animación contemporánea: «La tecnología siempre está al servicio de la historia, y no al revés», aseguran. Se estrenan con el hijo predilecto de John Lasseter, director de las dos películas: «No existe más presión por ello. De todas maneras, es un director que que te contagia su pasión por el proyecto», explican.

926 personajes nuevos
Como es habitual en el estudio, comentan que «la estructura no está nada jerarquizada. Lasseter es un director que cuando aportas algo nuevo, si le gusta, lo asume sin problemas. Evidentemente, no puedes salirte, de la cadena de producción pero la autoría del plano es tuya. Se supone que tienes una empresa de gente creativa, es lógico que estén abiertos a nuevas ideas». Lasseter no es el único gran nombre en los créditos de esta película. «Cars 2», que está en los cines de nuestro país desde el pasado miércoles, fue codirigida por Brad Lewis, productor de la premiada con un Oscar «Ratatouille», y producida por el veterano de la industria de los efectos visuales Denise Ream, también productor asociado de otro de los éxitos de Pixar, «Up», y productor ejecutivo de efectos especiales de «Stars Wars: Episodio III. La venganza de los Sith».
Todo este equipo ha creado 145 modelos de nuevos personajes y 781 variantes de éstos. En total, 926 personajes nuevos que dan una vuelta al mundo con una trama que posee otro matiz: la ecología. Además de las carreras de coches y el espionaje internacional (sin duda, inspirado en la saga de James Bond), Lasseter, coguionista del filme, introduce en la historia un carburante ecológico que permite correr a los coches más que con la gasolina tradicional. Aunque incluso la mejor intención, puede volverse en contra de este equipo de coches que pasarán verdaderos apuros para salir ilesos de sus aventuras.

El detalle, cameos de lujo
El fichaje de actores famosos para poner voz a los dibujos no es una estrategia nueva en el terreno de la animación. Así, en esta ocasión, «Rayo» McQueen está interpretado otra vez por Owen Wilson en su versión en inglés, mientras que detrás del maestro británico del esp¡onaje, Finn MC Missile, está la voz de Michael Caine, y la de Larry the Cable Guy es la de grúa Mate que no para de meter la pata. En su versión española, la cinta cuenta con cameos de lujo: Fernando Alonso y Lewis Hamilton ponen voz a los coches inspirados en ellos mismos. Son fáciles de distinguir: el de Alonso está inspirado en su casco y tiene impreso una bandera de España. El de Hamilton luce la bandera de la isla de Granada, en el Caribe, lugar de donde procede su familia.

El fracaso del «tunning»
«Cars 2». Dirección: John Lasseter y Brad Lewis. Guión: Ben Queen. Voces originales: Larry the Cable Guy, Owen Wilson, Michael Caine, Emily Mortimer. Duración: 106 min. USA, 11. Animación.

El «tuning» es una operación de maquillaje que personaliza un automóvil para que se convierta en una mezcla de fetiche y objeto de deseo (ajeno). Para que los ni- ños sigan comprando «merchandising» sobre ruedas y los críticos cambien de opinión, Lasseter ha tuneado sus «Cars» intentando disimular las abolladuras de su primera aventura –su dudoso sentido del ritmo narrativo y las severas dificultades que plantea el reto de animar algo tan poco expresivo como un coche– con colores brillantes, acción imparable y un protagonista que, lejos de ser un héroe, debe salvar unos baches para ser aceptado por sus congéneres, y en especial por Rayo McQueen, su amigo del alma. La mala noticia es que el resultado es tan insatisfactorio como en el anterior «Cars»: el diseño cromático refulge bajo el sol digital, sobre todo en el segmento japonés, pero la eliminación de los tiempos muertos –que se materializa en un insípido homenaje a las películas de James Bond, pasado por el tamiz de la conciencia medioambiental– y la irritación que provoca esa grúa que pierde aceite, tan torpe e insensata como el Jar-Jar Binks de «La amenaza fantasma», convertida en heroico Sancho Panza por exigencias del guión, impiden que esta secuela alce el vuelo al mismo nivel que sus compañeras de Pixar. Lo que queda es un montón de chatarra que se comporta como una pandilla de humanos que están lejos de saber lo que es el sentido de la diversión.