Gadafi el sangriento: más de 200 muertos en una brutal represión

El régimen libio aplasta a los manifestantes con puño de hierro y deja más de 200 muertos. Su hijo advierte por TV de que puede estallar una guerra civil

El dictador libio, Muamar  el Gadafi
El dictador libio, Muamar el Gadafi

Después de que las revueltas se fortalecieran y expandieran ayer, llegando hasta la capital Trípoli, el hijo del líder libio, Seifal al Islam, fue el encargado de ofrecer la versión oficial de los hechos y amenazar tanto a los libios como a los vecinos árabes y europeos.

La que ha sido la cara amable y reformista del régimen ofreció diálogo nacional y reconoció las demandas de cambios, pero advirtió a los libios sobre el caos, la posible división del país y su control por parte de grupos islamistas, en un claro mensaje también a los socios occidentales. Seif al Islam culpó a elementos extranjeros de querer desestabilizar el país y aseguró que los mercenarios árabes y africanos que están masacrando a la población habrían llegado para luchar contra el Gobierno y no pagados por éste, tal y como están denunciando cada vez más fuentes en los últimos días.

Seif defendió en todo momento la actuación del Ejército, asegurando que éste ha sido atacado primero y obligado a responder, y lamentó las muertes de los manifestantes pero restó importancia a la situación de violencia que vive el país. Según el hijo de Gadafi, los medios de comunicación están exagerando los hechos y los números, como la cifra de fallecidos, que se sitúa ya en más de 250 y unos 1.000 los heridos -según la cadena de TV Al Yazira-, sólo en la ciudad de Benghazi, donde habría tenido lugar una matanza según los escalofriantes relatos que llegan desde allí, de boca de los pocos residentes que se atreven a hablar y consiguen hacerlo a través de las limitadas y censuradas comunicaciones.

Las fuerzas de seguridad se han enfrentado a los manifestantes desde el viernes y han disparado apuntando a la cabeza y al pecho, y habrían lanzado incluso granadas y misiles contra los civiles. El domingo, los hombres de Gadafi volvieron a atacar a las cientos de miles de personas que se reunieron en los funerales de los fallecidos el día anterior, al igual que ya lo hicieron el sábado, disparando contra los cortejos fúnebres desde tejados y helicópteros.

Durante el fin de semana, Benghazi y toda su región ha sido un campo de batalla, desde donde salen informaciones contradictorias sobre quién controla la zona. El sábado por la noche, los manifestantes habían conseguido arrinconar a las fuerzas de seguridad en sus cuarteles y el domingo, muchos uniformados se habrían unido al pueblo ante la imposibilidad de aplastar las revueltas. Los civiles se hicieron con armas y vehículos militares, capturaron a varios mercenarios y anoche controlaban la mayor parte de Benghazi, que dicen que ha sido «liberada», tal y como hacían saber varios testigos a través de Twitter.

Benghazi se encuentra aislada: sin internet, líneas telefónicas, ni nadie que pueda acceder a la zona, pero los libios están consiguiendo hacer escuchar la voz de los que allí están muriendo a través de las redes sociales, lanzando mensajes desesperados al exterior, denunciando lo que denominan una masacre y pidiendo ayuda, tanto suministros médicos como presiones diplomáticas. Pero el líder libio, Muammar al Gadafi, en el poder desde 1969, es el más hábil a lo hora de usar esa presión diplomática a su favor.

El coronel amenazó a la Unión Europea con que dejará de cooperar en materia migratoria si ésta no retira su apoyo a las manifestaciones prodemocracia. Y su hijo lo hizo amenazando con que el flujo de petróleo (el 10% del crudo consumido en la Unión Europea proviene de Libia) podría interrumpirse en las actuales circunstancias y en un futuro sin Gadafi. Pero la familia no parece dispuesta a ceder el poder fácilmente y en su discurso, Seif al Islam repitió decenas de veces que Libia no es Egipto ni es Túnez, y cerró su alocución asegurando que no abandonarán al país, a su pueblo, y lucharán hasta el final. Pocos minutos antes, corrían rumores de que Gadafi había salido de Libia rumbo a Venezuela, pero, por el momento, sólo algunos elementos del régimen han caído: el representante libio ante la Liga Árabe, Abdel Munim al Huni, presentó ayer su dimisión «en protesta por la represión y violencia contra los manifestantes» y ha dicho sumarse «a las filas de las revolución».

Los europeos evitaron ayer el cuerpo a cuerpo con Gadafi al ser preguntados por las amenazas del libio, informa Jorge Valero desde Bruselas. Reunidos anoche en una cena para analizar los alzamientos de la región, los cancilleres de la UE rechazaron la posibilidad de una condena directa al coronel y simplemente expresaron su preocupación por lo que sucedía en Libia. «Es muy importante que la violencia cese», dijo la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton.


Una guardia de 200 vírgenes
La filtración de los papeles del Departamento de Estado ha confirmado un secreto a voces. El líder libio, de 68 años, es un hipocondríaco obsesionado con su imagen que se implanta pelo y apenas se separa de su guardia personal, compuesta por 200 mujeres vírgenes y expertas en artes marciales. La expresión hierática de su rostro llevó incluso a la embajada de EE UU en Trípoli a creer que Gadafi había sufrido un derrame cerebral. Finalmente, sólo se trataba de algunos retoques con bótox. Su extravagancia viaja con él cuando va a algún país europeo e insiste en instalar su haima en lugar de alojarse en un hotel.