«Sumisión química»: una droga rápida y de corta duración

Toxicología alerta del aumento de casos de delincuentes que usan sustancias que no se notan y que provocan pérdida memoria para cometer robos, homicidios y agresiones sexuales y hasta a enfermos

Madrid- El Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (INTCF), dependiente del Ministerio de Justicia, ha detectado en los últimos años un notable incremento del uso por parte de los delincuentes de drogas que provocan pérdida o disminución de memoria, lo que aprovechan para perpetrar delitos, tales como robos, homicidios, sedación e incapacitación de personas mayores, aunque la mayoría están relacionados con agresiones sexuales. Los autores no distinguen entre víctimas, y, de hecho, en ella hay incluso enfermos y niños.

Las sustancias psicoactivas son utilizadas para manipular la voluntad de las personas o modificar su comportamiento con fines delictivos. En estas situaciones los efectos farmacológicos de la sustancia administrada evitan que la víctima se encuentre en condiciones de prestar su consentimiento legal o de presentar resistencia a su atacante. Esto es lo que se conoce como «sumisión química».

El aumento de los delitos a través de este procedimiento en lo que se refiere a las agresiones sexuales es lo que ha hecho que el Instituto Nacional de Toxicología, dependiente del Ministerio de Justicia, haya elaborado unas «Instrucciones de actuación en caso de agresión sexual con sospecha de intoxicación».

En algunos casos, las sustancias las toma la víctima voluntariamente, alterando su autonomía para tomar decisiones. Sin embargo, en otros casos, se les le proporcionan «de forma subrepticia, lo que puede disminuir la capacidad de la víctima para identificar una situación peligrosa o para resistirse a la agresión».

En el estudio del Instituto de Toxicología se advierte de que en el paso del tiempo desde la agresión hasta la denuncia es decisivo determinar los tóxicos utilizados, «ya que se suelen emplear sustancias con una acción rápida y de corta duración, que rápidamente son eliminadas del organismo».

Pero, además, se advierte de otra de las dificultades relacionadas con los delitos relacionados con «sumisión química», y no es más que las escasas denuncias que se presentan de agresiones sexuales debido a la pérdida o disminución de memoria, derivada de las drogas que les fueron administradas por los agresores. En concreto, esas denuncias no llegan al 20 por ciento de las que realmente suceden.

Por este motivo, el Instituto de Toxicología insta a que se presenten de forma inmediata, ya que la tardanza en formularla impide una «adecuada recogida e identificación de las muestras».

La inmediatez, decisiva
Por lo general, señala el informe, la demora en acudir a un centro médico por parte de la víctima, para que se practique la recogida de muestras biológicas con fines toxicológicos y criminalísticos, «es inversamente proporcional a las posibilidades de detectar las sustancias implicadas en casos de ‘‘sumisión química''».

Entre las «instrucciones de actuación», se destacan las recogidas de determinadas muestras para el estudio toxicológico. Así, como prioridades figuran las muestras de sangre y orina. La primera porque su análisis ofrece datos del «consumo reciente de la sustancia». Sin embargo, se advierte que, dado la rápida eliminación de las sustancias en sangre, «en el caso de existir cierto retraso en solicitar ayuda médica, es probable que la sustancia administrada haya desaparecido de la sangre».

Y, respecto a la orina, porque ofrece también la ventaja de «detección superiores a la sangre para las sustancias químicas».

También se aconseja recoger muestras no biológicas relacionadas con la víctima, como los fármacos encontrados en el lugar de los hechos, recipientes o utensilios utilizados, «así como la bebida o alimentos sospechosos, o la sustancia, si los puede aportar el paciente».
En esa misma línea, se recomienda también tomar muestras de cabello y pelos, pero en «casos muy seleccionados», en aquellos en los que se pudo hacer una toma de muestra inmediata «o se estima que se ha producido la eliminación del tóxico en sangre y orina».

El Instituto Nacional de Toxicología es el laboratorio de referencia para todos los Institutos de Medicina Legal de España, que forman parte de la red de atención urgente a las víctimas de agresiones sexuales en coordinación con la red asistencial hospitalaria y con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Esto permite la investigación toxicológica de todas las pruebas realizadas en delitos contra la libertad sexual y, por lo tanto, la posibilidad de determinar si ha existido «sumisión química». El análisis de las mismas incluye de forma rutinaria sustancias como el alcohol, las benzodiacepinas o las drogas de abuso.

 

En primera persona
Adriana / víctima
«No seas tonta, aquí ponen unas copas muy especiales»

Hace sólo dos años, Adriana decidió salir a divertirse una noche por Barcelona. No conocía la ciudad y se dejó guiar por una compañera de estudios. A mitad de la velada conocieron a un gupo de chicos. Uno de ellos, de origen marroquí, las llevó a ella y a su amiga a otro local cerca del puerto. «Le conocía todo el mundo y cuando nos sentamos me dijo que allí ponían copas muy especiales y que me invitaba a una. Le dí dos sorbos y al momento me sentí completamente relajada. No tardó ni dos minutos en lanzarse sobre mí y besarme», afirma Adriana que aún no recuerda con claridad esa noche. En la bebida que le ofreció, «según me dijeron los Mossos», la habían echado burundanga, una droga vegetal que anula la voluntad y la memoria del que la consume. La dio una segunda dósis porque cuando intentó abusar de ella, Adriana comenzó a reaccionar: «Me metió una copa entera a la fuerza. A partir de ahí ya no recuerdo nada». Su agresor la llevó sumisa hasta su residencia y entró en su habitación. Allí abusó de ella: «Le pedí que parara, que me hacía daño, pero siguió». Se despertó a la mañana siguiente, «lo veía todo borroso» y tras seis horas de declaración, seguía teniendo lagunas.