La maquinaria demócrata usa la matanza para frenar al Tea Party

El «ala roja» demócrata acusa a la derecha de alentar la tragedia. Giffords responde a los estímulos médicos. El detenido asesinó a seis personas

Un improvisado altar junto al hospital donde está ingresada la congresista Giffords
Un improvisado altar junto al hospital donde está ingresada la congresista Giffords

NUEVA YORK- Hace un año y medio, Gabrielle Giffords, de 40 años, se reunió en un acto con sus votantes para debatir la reforma sanitaria, el cual pudo terminar en tragedia después de que a un ciudadano se le cayese su pistola en plena discusión. Pudo ser el aviso de la sangría que ha tenido lugar este fin de semana. La matanza de Tucson ha colocado en el centro del debate nacional si es lícito utilizar la crispación política como ha venido aconteciendo durante los últimos meses.

De momento, se desconocen las motivaciones que llevaron al sospechoso, Jared Loughner, de 22 años, a emprenderla a tiros con Giffords y el resto de sus votantes. Pero a nadie escapa que el lenguaje incendiario y las amenazas se han convertido en parte de la cultura política de Estados Unidos desde hace dos años. Y los políticos republicanos y demócratas se han limitado a sacar partido de esta situación, que no ha hecho más que ahondar en la división a los estadounidenses.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, condenó nada más conocer la noticia, el pasado sábado y mediante un comunicado, los crímenes de Tucson (Arizona). Y después realizó una intervención desde la Casa Blanca en la que llamó a la «unidad del país». «Es una tragedia para Arizona y para el resto de la nación. Lo que los estadounidenses hacen en estos momentos es unirse para apoyarse los unos a los otros. Por eso, os pido que nos acompañéis a mí y a Michelle [por la primera dama] en nuestras oraciones por las víctimas y sus familias», indicó el presidente.

En cambio, algunos políticos demócratas liberales aprovecharon el tiroteo para echar la culpa al «Tea Party» de las muertes.

Una reclamación que recuerda a cuando se retrataron como víctimas durante los ataques a la reforma sanitaria, en vez de defender la iniciativa del presidente Obama. Y ha tenido que ser el comisario del condado de Pima (Arizona), Clarence W. Dupnik, el que llame a la reflexión de conciencia en este asunto sobre la actitud de los políticos de aprovechar cualquier circunstancia para cargar contra sus adversarios. «Tenemos que escuchar nuestros corazones. No es raro que los funcionarios públicos, incluido yo mismo, reciban amenazas. Es muy triste lo que está ocurriendo en Estados Unidos: muy pronto no vamos a ser capaces de encontrar personas razonables que ocupen puestos públicos», indicó el comisario.


Condenas republicanas
A pesar de las reclamaciones de algunos demócratas del «ala roja», los republicanos dejaron de lado sus diferencias con sus oponentes para llamar a la unidad. El portavoz conservador de la Cámara de Representantes, John A. Boehner, indicó que «un ataque contra una persona pública es un ataque contra todos. Las amenazas y la violencia contra los funcionarios públicos no tienen lugar en nuestra sociedad».

El contrincante de Barack Obama en las elecciones presidenciales de 2008, John McCain, destacó por utilizar las palabras más duras contra el atacante de Giffords. «Es un desgraciado», resaltó el senador de Arizona.

Mientras, los conservadores decidieron aplazar la votación prevista para este miércoles en contra de la reforma sanitaria de Barack Obama, impulsada por el movimiento «Tea Party».

El fundador de este grupo ultraconservador, Judson Phillips, indicó que «en un momento como éste es terrible que pensemos en política. Da igual cuáles sean las motivaciones del hombre que disparó. No importa que Giffords sea liberal o no. Nadie debería ser víctima de la violencia por sus creencias políticas», concluyó el representante republicano, objetivo de las críticas de la izquierda demócrata, que busca hacerle responsable de lo sucedido.

«Hoy hemos visto los resultados de esta retórica irresponsable y peligrosa. Aquellos que usan el megáfono tienen responsabilidades. No pueden evitar las consecuencias de sus esfuerzos por inflamar el odio y la ira», contraatacó el ex senador demócrata y estratega político Gary Hart en la web política «Huffinton Post».

Es cierto que Giffords ha sido diana de los ataques del «Tea Party» por su tirón en un distrito muy conservador en unas elecciones que pasarán a la historia como uno de los grandes triunfos dentro del Partido Republicano. El pronóstico de la congresista, que estuvo sedada durante la mayor parte del día de ayer, fue «crítico». La bala no tocó ninguno de los hemisferios del cerebro. Entró por la parte trasera izquierda del cráneo y salió por la zona delantera. La demócrata empezó ayer a comunicarse con los médicos, que le pidieron que les enseñase los dos dedos índices.


Cargos contra el asesino
Giffords fue sometida a una operación de 38 minutos el sábado por la mañana. Los doctores se muestran satisfechos con su evolución de la política, pero todavía se muestran cautos sobre su futuro ante las posibles secuelas.

La tragedia ha terminado con seis muertos, entre los que se incluye una niña de nueve años y el juez de la Corte del distrito Arizona John M. Roll. Y además trece personas resultaron heridas.

El FBI anunció ayer que el pistolero de Tucson, Jared Loughner, fue formalmente encausado por la matanza ocurrida en Arizona.


Giffords, una conservadora demócrata a favor de las armas
Las diferencias políticas entre Gabrielle Giffords y Sarah Palin, representante de la corriente ultraconservadora republicana aglutinada en el «Tea Party», no son del todo insalvables. El hecho de que Palin incluyera a Giffords dentro de los «objetivos políticos» republicanos se debe a que su oponente pertenecía a una corriente denominada «Blue Dogs Democrats», que se autodefine como «conservadores demócratas». Sólo desde posiciones centristas y en ocasiones alineadas con los republicanos se entiende que Giffords lograra ganar su escaño en tres ocasiones en un distrito de Tucson netamente conservador. Se había mostrado dura en los temas de seguridad fronteriza y respalda una completa reforma migratoria. Es cierto que apoyó los estímulos económicos de Obama y la reforma del sistema sanitario, pero exigió a la Administración Federal que colocara efectivos armados de la Guardia Nacional en la frontera de Arizona con México para frenar el tráfico de drogas y de seres humanos. Sobre el control de armas, fue uno de los 300 miembros del Congreso que pidió al Supremo derogar una prohibición local sobre armas en Washington. Conocida como «Gabby», hizo suyo el conservadurismo «light» de su antecesor, el republicano Jim Kolbe, elegido en once ocasiones en ese distrito. Su sede en Tucson fue atacada en marzo pasado horas después de que se aprobara la reforma sanitaria. Entonces, llamó la atención sobre la animosidad que sectores republicanos. De 40 años, se casó en 2007 con el astronauta Mark E. Kelly, quien pilotó el Endeavour y el Discovery en 2003.