La marca España energía por Pedro Mielgo

La Razón
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No hablaríamos de la marca España si, además de un objetivo, no existiese ya una realidad que se nutre de lo ya conseguido por muchas empresas, entre las que hay que destacar el sector energético.

El gran reto de España de los años 50 a 70 consistió, en buena parte, en reconstruir la industria primero, y modernizarla después. El papel de los sectores eléctrico y petrolero para asegurar la disponibilidad de electricidad y de combustibles fue fundamental para evitar estrangulamientos en el desarrollo económico. Las empresas de ambos sectores tuvieron que poner en juego toda su capacidad de gestión y de creatividad tecnológica. Con limitados recursos se consiguieron éxitos poco comunes. Todo esto es, aún hoy, poco conocido por muchos españoles, pero nos ha conseguido un merecido prestigio fuera de nuestras fronteras.

España fue capaz de producir electricidad quemando con eficiencia carbones domésticos de muy baja calidad _que ningún otro país se habría atrevido a utilizar_ cuando la escasez de divisas hacía imposible importar carbones de calidad. Se consiguió disponer en pocos años de un sector de refino eficiente, que resiste cualquier comparación internacional. Se construyeron tres generaciones de centrales nucleares, la última de las cuales alcanzó un contenido nacional de alrededor del 90 por ciento, un caso estudiado y envidiado en todo el mundo. Nuestras empresas eléctricas destacan desde hace muchos años entre las más eficientes de Europa, tanto en la dimensión operativa como financiera, y han sabido, como pocas, incorporar tecnologías avanzadas e incluso mejorarlas. A estos sectores se unió más adelante el gasista.
Nuestras redes logísticas energéticas (electricidad, gas y productos del petróleo) son de las más flexibles y eficientes de Europa y de menor coste para el consumidor. Por último, hay que mencionar la contribución esencial de los sectores auxiliares, sobre todo los de ingeniería y construcción, a esos logros.

Más recientemente, la llegada de las energías renovables ha permitido a unas cuantas empresas españolas, tanto operadoras como fabricantes de equipos, alcanzar un cierto liderazgo a escala internacional, aunque en este caso, la competencia de países emergentes puede dejar poco margen para el optimismo, dado que se trata de un sector de un nivel tecnológico medio.

Hoy, las empresas energéticas españolas exportan tecnología nuclear, ingeniería energética, gestión eficiente, experiencia y conocimiento que nada tienen que envidiar a los de los países que pasan por ser líderes mundiales. Allí donde han llegado, estas empresas han llevado eficiencia en la gestión y más inversión. Han creado riqueza y se han convertido en objeto de deseo de los inversores internacionales. Quizá los incidentes nacionalizadores de Argentina o Bolivia no sean más que la prueba de un éxito indiscutible.
La marca España Energía ya está consolidada.

 

Pedro Mielgo
Pte. de Nereo consultores y ex pte. de la CNE