Bono denosta las críticas a Suárez del PSOE y la UCD

Invoca el espíritu de unidad y llama a los políticos a «llevarse mejor»

El entonces presidente Adolfo Suárez, con  Francisco Fernández Ordóñez
El entonces presidente Adolfo Suárez, con Francisco Fernández Ordóñez

MADRID- Hay quien cree que tras los fastos organizados por José Bono con motivo del XXX aniversario del 23-F el presidente de la Cámara pretendía reivindicar su figura en estos tiempos de cambio y sucesión. Y que como Chacón, el día anterior, estaba en su ánimo dar la campanada. Habladurías. Nadie le negará su capacidad de convocatoria, su manejo del protocolo más intencionado y su destreza para recordar que alguna vez esta España cainita hizo algo bien y mucho menos su maña para organizar fiestas de la democracia. De no existir, habría que inventarlo. Su discurso ante quienes fueron protagonistas por la fuerza militar y los que hoy lo son por la fuerza de las urnas no defraudó ni a propios ni ajenos. Así no dudó en reivindicar el espíritu de unidad de los días posteriores al golpe, ni tampoco en llamar a los actuales políticos a «llevarse mejor».

Previamente había denostado las «horribles» e «inmisericordes» críticas que la oposición de entonces, es decir el PSOE, pero también de la UCD dedicaba al entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, los días previos al 23-F. Citó por este orden a «sus adversarios, a la prensa y a sus amigos». Los murmullos se dispararon entre los escaños y Zapatero y Rajoy comentaban y sonreían al hilo de las palabras de Bono.

Luego pasó el recuerdo personalizado de periodistas, ujieres, letrados y políticos de aquella tarde-noche de 1981 en la que él ocupaba la Secretaría Cuarta de la Mesa del Congreso. Por supuesto, mención especial a la contribución del Rey (de quien dijo que esa noche hizo por la Monarquía más que todos sus antepasados juntos), la entereza y el valor del general Manuel Gutiérrez Mellado, pero si alguien rindió tributo de forma especial fue a ese Adolfo Suárez tantas veces vilipendiado. Y fue ahí cuando pidió a todos los reunidos asumir «otra enseñanza que nace del 23-F» y es la necesidad de aplicar la «sencilla, provechosa y benéfica regla» de llevarse lo mejor posible. Atinada fue su alusión también a la presencia en las tribunas del hemiciclo de la cúpula actual de nuestras Fuerzas Armadas. Su presencia en este acto hacía prescindibles todas las evocaciones al tránsito de España entre 1981 y 2011.

Landelino Lavilla, que era presidente del Congreso durante la asonada, prefirió en sus palabras desde la tribuna de oradores recordar los momentos de «zozobra» de aquel día, un acontecimiento que sirvió para «enriquecer la propia estimación de la libertad y de la democracia» que entonces estaba en peligro».