El cabo del miedo: Garrido la tercera vía

El cabo del miedo: Garrido, la tercera vía
El cabo del miedo: Garrido, la tercera vía

El héroe de los no alineados
Juan Carlos Garrido se ha instalado en la tercera plaza con plantel cuya masa salarial apenas daría para el gasto en crema depilatoria de Cristiano Ronaldo.


Todos los aficionados al fútbol en España, por supuesto excluidos los seguidores de esas dos voraces industrias socio-financieras que nada tienen que ver con el deporte, tenemos las esperanzas puestas en JCG, siglas identificativas de un entrenador al que no negaremos su adhesión a la moda de las tres letras: Pep, «Mou» y Mel, que tiene al Betis líder. El Villarreal es la última esperanza de quienes seguimos soñando con un mundo en el que no siempre el pez grande se come al pequeño. Y Roig, que es más listo que los ratones coloraos, ha pensado que como no es posible plantar batalla tirando de chequera, más valía dar las riendas al técnico que convirtió a la cantera de su club en el pasmo nacional. Desde que ascendió a Segunda al filial a costa del Jaén, a Juan Carlos Garrido nadie le niega la condición de gurú.
La fórmula elegida es sencilla, pero eficaz: usar a unos cuantos veteranos comprometidos (Capdevila, Senna, el gran Marchena) y a unos cuantos peloteros más que fiables, pero alejados del divismo (Diego López, Borja, Nilmar, Cazorla…) para pastorear a la fabulosa generación de jovenzuelos que rezuman talento y descaro. Una quinta de chicos a los que Garrido fogueó en el Villarreal B, pero a la que se han añadido otros de su misma edad, como Rossi o Altidore. El técnico se ha instalado en la tercera plaza con plantel cuya masa salarial apenas daría para el gasto en crema depilatoria de Cristiano. Lo más que probable es que termine a veinte puntos de los de siempre entre el desprecio de exitistas y deslumbrados por el dinero ajeno, pero sólo el resistirles el ritmo durante un tercio de Liga encierra un tremendo mérito. No suelte a la presa, míster.


Lucas Haurie


Otro figura suelto
Vamos a dar la bienvenida a otra estrella del alambre que busca a gritos hacerse un hueco entre los discípulos aventajados del «Mourinhismo».

Ahora que se discute sobre quién puede permitirse y quién no decir lo que le de la gana, vamos a dar la bienvenida a otra estrella del alambre que busca a gritos hacerse un hueco entre los discí­pulos aventajados del «Mourinhismo», escuela que defiende el uso de la mala educación y el gesto de supervillano como fórmula de éxito. La escuela no acepta a todos así como así­, no vayan a pensar que aquí­ entra el que lo pide, o el que responde a determinadas faltas de respeto, no. En este selecto grupo sólo son admitidos los que veneran al mesí­as blanco y se dedican a hacer el zoquete con el resto, que es una cosa que entretiene mucho a la prensa oficial, siempre cuidadosa de que lo intocable lo siga siendo. En este reducido grupo de entrenadores con maneras de macarra acaba de irrumpir con fuerza Juan Carlos Garrido, un caballero que le hace un flaco favor a un equipazo como el Villarreal y a un club del que el resto debería tomar ejemplo por su gestión, por su enorme dignidad, por el gusto con el que trata a su cantera y por cómo defiende sus intereses sin plegarse a los deseos de los dos más poderosos.
Garrido le ha cogido gusto a esto de salir en las imágenes de después de los partidos: lo mismo le vemos dando cortes de manga al contrario, que le observamos pegando una turra importante al árbitro protestando todas las acciones del rival o le oímos quejarse justamente de lo mismo cuando el que da la turra es el otro. Así­ es Juan Carlos Garrido, otro que hace votos para ganarse el premio miss simpatí­a de la temporada. Eso, o le cogen de doble del de Andy y Lucas. Que no sé si es Andy o es Lucas, pero es clavaí­to, oyes.


María José Navarro