«Julio César» fuerza en Bruto

DÓNDE: Teatro Galileo. Madrid. CUÁNDO: a partir del 26 de noviembre al 8 de enero. CUÁNTO: 21 euros.

Fernando Sansegundo (derecha del todo), actor y autor de esta versión, en la representación

El deber del ciudadano o el deber del hijo. Es la encrucijada vital y dramática de Bruto. Ser consecuente con sus ideas políticas o leal con su amor filial. Comportarse como un recto y honesto ciudadano, o como un hijo obediente y devoto. Shakespeare arrastró a las tablas las pasiones impredecibles que siempre desencadenan la «res pública» y las obligaciones derivadas de los lazos de familia. Extrajo las contradicciones inherentes a estas dos esferas antagónicas (el espacio de lo común y la vida privada) cuando se enfrentan.

Francisco Vidal lleva a las tablas la versión de «Julio César» de Fernando Sansegundo, quien en esta ocasión, también interpreta a Casio. Una obra poco representada en Madrid y que plantea tantos desafíos escénicos como problemas morales todavía vigentes. «Es un texto que conecta con la actualidad. El ser humano tiene que identificarse con las obras que ve en el teatro. En el fondo, no ha aprendido demasiado. Sigue dejándose arrastrar por los celos, las envidias, la ambición de poder», comenta Francisco Vidal.

El valor del fracaso
Él se adentró en la obra del bardo inglés muy pronto. Apenas con trece años. A esa edad ya había leído una docena de sus obras. La intuición le indicaba, ya tan pronto, que entre las líneas y diálogos de sus personajes se deslizaban los conflictos internos que caracterizan la naturaleza humana. «Cuando llegué a la universidad tuve que hacer la redacción de un libro. Yo escogí "Hamlet". De esa profundización le ha quedado un poso que le ha permitido adentrarse en lecturas alternativas, como pone de relieve en este montaje que cuenta también con la participación de Fernando Escudero, Candela Serrta, José María Ureta, Juanma Gómez, Fran Fernández, Raúl Prados y David Villanueva. Y en ese retablo de egos que representan Julio César, Casio, Bruto, Marco Antonio y Octavio, él ha sabido extraer una lectura diferente. «Lo que me gustaría que entendiera la gente es que las utopías sirven, aunque al principio fracasen y sean derrotadas, a que el mundo evolucione. De las utopías van quedando cosas, un poso en el inconsciente de la gente. Y eso es lo que más tarde hará que el mundo avance. Es la única esperanza». Esa utopía es la que defiende Bruto cuando asesina a su padre adoptivo. «Julio César es inteligente, pero llega un momento en que quiere más. Y eso es lo que le pierde. Pero ha hecho antes cosas que están muy bien». Uno de los aspectos más interesantes de este montaje es que mantiene la ambivalencia de los personajes que Shakespeare les imprimió en esta obra. «No se trata de una obra de buenos o de malos. Aquí cada uno tiene sus buenas razones para comportarse como lo hacen». Aunque al final, como cuenta la historia, casi todos serán perdedores. Menos Octavio Augusto: «Él sí que es el verdadero tirano. El emperador/rey. Todo lo que no quería Bruto».

 

La muerte de los tiranos
En «Julio César» se asesina al dictador en la puerta del Senado. Los hombres que defienden la república romana asesinan a quien pretende convertirse en tirano. Un hecho histórico. Y, también, un acto simbólico. Pero ¿está bien? Para Francisco Vidal es fundamental que el público se identifique con los textos que se representan en los teatros. Y en este caso, existen claras analogías con lo que está ocurriendo durante la «primavera árabe». Sobre todo con el destino de Gadafi. «Es justo lo que le ocurre a Julio César. Si ponemos alguno de los vídeos en los que los libios asesinan a Gadafi, podemos ver que así fue como tuvo que morir Julio César».