Se ha escrito un crimen

La Academia de Policía Local imparte cursos de especialización científica a agentes municipales. El examen final consiste en la inspección ocular de un suceso inventado por el profesor

Uno de los alumnos de estos cursos de especialización de Policía Científica toma fotos del «cadáver» en el supuesto lugar del crimen
Uno de los alumnos de estos cursos de especialización de Policía Científica toma fotos del «cadáver» en el supuesto lugar del crimen

MADRID- Varón, mediana edad, con lo que a primera vista parece ser un impacto de bala. Se encuentra en el suelo al lado de un Opel Corsa blanco con la puerta abierta. Es la escena de una muerte violenta y poco más de veinte policías tendrán que intentar conseguir todas las evidencias físicas posibles que ayuden a los investigadores a resolver el crimen. Además, este cadáver y todas sus extras forman parte de una parte del examen final del curso de Policía Científica que se imparte en la Academia de la Policía Local.

Lo primero de lo que uno se da cuenta es del daño irreparable que Grissom y su «troupe» de investigadores han hecho a este gremio. Parece que nada de los que se muestra en CSI se puede aplicar realmente. Un pelo sin raíz no tiene ADN suficiente, una huella parcial necesita una serie de puntos para poder cotejarla y muchas de las pruebas no se deben meter nunca en bolsas de plástico.

Porque si se encuentra un arma en el lugar, como fue el caso, se intoduce en lo que a todas luces parece una caja prima hermana de las de las pizzas de toda la vida. Las balas, casquillos, y demás evidencias con restos tampoco son amigas del plástico, el papel deja respirar y se mantiene mejor. Es importante tomarse su tiempo y hay que seguir un orden estipulado para no contaminar la escena. Primero, fotos a cierta distancia, luego los alrededores, finalmente se buscan huellas en el coche. El protocolo es importante también para no perder ni un solo detalle de lo que el asesino ha dejado tras de sí sin percatarse. Una vez en faena los conocimientos de los alumnos son fundamentales. Qué reactivo utilizar para las huellas o cómo empaquetar una botella olvidada en el lugar son algunas de las preguntas que surgen a medida que se avanza el trabajo. Una labor que comenzó veinte horas antes en el edificio de al lado y con Jesús Cazorla, policía municipal, como maestro de ceremonias.