Albania bajo el terror del III Reich

Noviembre 1944. La caída de Tirana tras la derrota de las tropas del III Reich por parte de los guerrilleros comunistas de Enver Hoxha. La acción principal se centra en la lucha por tomar la estación central de la radio (custodiada por un tanque lisiado. Los mutilados y discapacitados son una constante en la obra de Kadaré) y la posterior detención del personal para reanudar las emisiones, ahora ya al servicio del pueblo albanés

 
 

Si en la primera parte, más épica –que tiene ecos del Stalingrado de «Vida y destino» de Grossman– sigue a estos guerrilleros de diversas procedencias e ideologías, en la segunda, con la victoria partisana, cobran protagonismo los derrotados: monárquicos, colaboracionista, nazis y burgueses que asisten aturdidos al derrumbe de su universo. Incluso –en boca de una anciana– formulan una maldición premonitoria: «Llegará un día en que, siguiendo nuestro ejemplo, a semejanza de nuestras figuras masacradas, ellos intentarán crear sus propios señores».

Entre sus dos partes perfectamente diferenciadas Kadaré incluye un capítulo de interludio donde recurre a una técnica mixta que recuerda la de Dos Passos en su novela de Nueva York. Publicada por primera vez en 1975, es la primera novela del autor en ser guionizada. Sería el también albanés Rikard Ljarja quien bajo el título de «Radioestacioni» la llevaría al cine en 1979. No en vano, tiene una fuerte dosis plástica. Cada personaje recibe un tratamiento de lograda objetividad. Incluso se vislumbra cierto escepticismo relativista. Pero de lo que no queda rastro es de los héroes positivos del viejo realismo socialista. El círculo melancólico se zanja a la perfección: La voz del alemán que surgía en una radio incautada por los guerrilleros –«que alberga un espíritu», evocando otra famosa obra de Kadaré– será reemplazada por la voz de un desconocido, que, aunque no se nombra, resulta imposible que nos remite a Hoxha. La literatura sirve para que un país remoto, mal ubicado en el tiempo y la Historia, cobre vida durante 230 páginas y ocupe un lugar en el mundo onírico de este firme candidato al Nobel. Kadaré ha puesto al servicio de la dignidad de Albania las mejores páginas de su gran producción, revolucionaria en el terreno estilístico, gracias a su percepción del tiempo novelesco con fuertes ecos shakesperianos y gogolianos.