Las farmacias dan marcha atrás: no echarán el cierre

Ciudad Real y Guadalajara abrirán en busca de una salida negociada, pero mantienen su concentración de septiembre

Las farmacias de Castilla-La Mancha sufren impagos  desde mayo
Las farmacias de Castilla-La Mancha sufren impagos desde mayo

Madrid- La relación entre la Junta de Castilla-La Marcha y sus farmacias no mejora. A pesar de las reuniones diarias y de las continuas llamadas telefónicas entre ambas partes, la tensión se mantiene, aunque existe buena disposción por ambas partes. Eso sí, ni Guadalajara ni Ciudad Real cerrarán sus boticas, como anunciaban. «El consejero de Sanidad ha denegado la autorización y no nos vamos a exponer a las sanciones», asegura a LA RAZÓN Julián Creis, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Ciudad Real. En esta provincia, se habían sumado a la medida «de desesperación» 253 de las 311 farmacias registradas. «Ha sido una llamada de atención», añade. Sin embargo, su segunda iniciativa sigue adelante: «En principio, vamos a mantener la concentración del 4 de septiembre. Queremos que el Gobierno nos dé soluciones válidas para todos, también para los que no tienen patrimonio», concluye.

La deuda sigue aumentando desde que en mayo se detuvieran los pagos por, como explican desde el gobierno de Cospedal, «la deuda heredada del Ejecutivo anterior». «Cada mes que transcurre se acumula un déficit de 50 millones de euros», aseguran desde los colegios farmacéuticos de la comunidad autónoma. Hoy, supera los 175 millones. Ante esta situación, los farmacéuticos se ven obligados a aumentar su deuda con los bancos para poder mantener sus locales abiertos. La situación no sería tan extrema, según explican los sanitarios, si casi el 90 por ciento de farmacias de la comarca no fueran de carácter rural. Éstas son más frágiles porque dispensan menos «venta libre», es decir menos productos de parafarmacia que son los que más beneficios les reportan.

Los licenciados son conscientes de las dificultades económicas por las que atraviesa la Junta, pero no todos son optimistas. «Tengo claro que no voy a cobrar hasta enero», asegura Luis García Moreno, responsable de la única farmacia que hoy abre en Munero, Albacete. En su localidad, sólo hay dos apotecas y «la otra está cerrada por vacaciones». Su caso forma parte de ese 90 por ciento de las farmacias «de pueblo». Hace 180 días de guardia al año y, por eso, reclama una solución: «Reclamamos que fijen un calendario de pagos que nos sirva como aval para los bancos», añade. Su relación con las entidades bancarias se tensa con cada visita. Ayer solicitó una nueva línea de crédito, pero esta vez la ha tenido que abrir a su nombre. Ya no le avala su local. «Me han pedido mi renta y la de mi mujer para valorar el caso y darme una respuesta», afirma. No obstante, la consejería de Sanidad de Castilla-La Mancha asegura que más de 200 farmacias se han acogido a su propuesta de solicitar créditos a una serie de bancos con los que el Gobierno autonómico ha llegado a acuerdos y para los que las recetas son garantía suficiente.

Albacete y Cuenca son las provincias más reacias a las medidas de presión propuestas por el resto de municipios y entre sus colegiados existen voces discordantes. Juan Soler, titular de una apoteca en Alcaraz (Albacete), ha enviado una carta a sus compañeros para dar testimonio de la validez de la iniciativa de la Consejería: «Debo deciros que se acepta la receta como aval», asegura en su misiva. Y añade que la situación «no ha sido creada ahora, sino que se ha ido forjando durante muchos años por la anterior administración de Barreda y que el actual Gobierno regional ha heredado».

Constantino Jiménez, propietario de otro centro en Cuenca, no apoya la medida cortoplacista de Castilla-La Mancha ya que, como explica, «nos están cobrando unos intereses al 4,75 por ciento y recaen sobre nuestro patrimonio. En lugar de tomar iniciativas que reduzcan los impagos, sólo se toman medidas pejudiciales para el sector. Ya no gano dinero, al contrario, pierdo». Pone un ejemplo: «Hay un tratamiento contra el cáncer que se llama Tarceva y que cuesta 2.285 euros. Si me llega su receta, sólo le cobro al paciente 2,64. El resto sale de mi bolsillo», explica.

Los farmacéuticos no siguen un régimen empresarial por lo que su margen de beneficio es de apenas un 1 por ciento en medicinas que superan los 2.000 euros. A pesar de que muchos de estos tratamientos han pasado a dispensarse en las farmacias hospitalarias, como los que combaten el Sida, las curas oncológicas aún le corresponden, en gran medida, a las boticas, que «nunca negaremos un medicamento», concluye Luis García Moreno.


Curas «impagables»
Todo por 2,64 euros

1.- Estelara
3.232 euros (precio real)
Este tratamiento para combatir la soriasis se adquiere en las farmacias. y, aunque su pedido no es habitual, se dispensa.
2.- Tarceva
2.185 euros (precio real)
Las medicinas que ayudan a elevar las defensas a los enfermos de cáncer son de las más costosas, aunque el paciente paga lo mínimo.
3.- Glivec
2.520 euros (precio real)
Se utiliza para luchar contra la leucemia y se dispensa en boticas.