Cataluña desembarca en Madrid

BARCELONA– Mariano Rajoy se ganó el apodo de «el catalán» entre su familia, a lo largo de su intento por recortar distancias con los socialistas, durante la última legislatura, visitó hasta 48 veces Cataluña. Al ahora presidente del Gobierno, se le metió entre ceja y ceja que para llegar a La Moncloa debía conseguir que Cataluña dejara de ser el agujero negro del PP a nivel nacional. Para ello, aparcó el discurso identitario y se centró en la economía. Durante la campaña presidencial, los populares convirtieron en eslogan que «España no saldrá de la crisis sin Cataluña y viceversa». Pero una vez la Moncloa, Rajoy quiere demostrar que su compromiso con Cataluña es más que un mensaje electoral.

El presidente del Gobierno quiere mantener una relación especial con Cataluña. «Vamos a atender las posiciones y planteamientos de Cataluña, buscando un acuerdo de colaboración», aseguró su mano derecha, Soraya Sáenz de Santamaría, a los pocos días de que el nuevo Ejecutivo echara a andar. Por lo pronto, esta semana Cataluña tendrá un papel protagonista en Madrid. Sáenz de Santamaría recibirá hoy a la vicepresenta del gobierno catalán, Joana Ortega, para concretar un calendario de reuniones de las comisiones bilaterales Estado-Generalitat. La reunión servirá también para preparar algunas de las cuestiones que, dos días después, el president de la Generalitat, Artur Mas, y Rajoy abordarán en una reunión que celebrarán en la Moncloa.

Lo primero, la economía
Mas y Rajoy quieren enterrar el fantasma del pacto del Majestic y poner el contador de la relación PP-CiU a cero. Para no empezar con mal pie, aparcarán cuestiones identitarias. Mas, incluso, dejará la demanda del pacto fiscal en un segundo plano. Los temas económicos y finacieros centrarán la reunión. Lo prioritario es crear empleo para los 5,2 millones de parados, 775.400 personas en Cataluña. Pero también saldar deudas que puedan enturbiar la relación entre CiU y PP. Por eso, Mas pondrá sobre la mesa la reclamación de la Generalitat para que el Gobierno le pague los 759 millones de euros pendientes en concepto de infraestructuras no construidas.

También pedirá el pago de los 1.450 millones de euros del fondo de competitividad. En esta empresa le ayudará la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho que hoy se reúne a las diez de la mañana con el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, y a mediodía con el ministro de Economía, Luis de Guindos. Además de reclamar el cumplimiento de los pagos pendientes a la Generalitat, Sánchez-Camacho aboradará con De Guindos la reestructuración bancaria que afecta a Cataluña. La presidenta del PP catalán afronta esta semana una maratón e encuentros con ministros –Hacienda y Administraciones Públicas; Economía y Competitividad; Empleo y Seguridad Social; Fomento, e Interior–, en los que exhibirá su papel como interlocutora entre la sociedad catalana y el Gobierno de Rajoy.

Maratón de reuniones
Este fin de semana, Sánchez-Camacho cuadró con Mas, vía teléfono, algunos de los temas que pondrán sobre la mesa en su respectivas reuniones para rentabilizar tanta cita. Cobra trascendencia el encuentro de Sánchez-Camacho con la ministra de Fomento, Ana Pastor, tras el descalabro de Spanair. La presidenta del PP catalán le reclamará que el Gobierno apueste por El Prat como hub internacional.

 

Las amistades peligrosas de PP y CiU
Los seis escaños que a Artur Mas le faltan en el Parlament de Cataluña, le obligan a buscar apoyos a diestra y siniestra para tirar adelante su labor como ejecutivo. Aunque CiU es un férreo defensor de la geometría variables, hasta la fecha, los temas de más calibre, los presupuestos de 2011 y los de 2012, los has pactado y pactará con el PP. La situacion financiera de la Generalitat no permite a CiU hacer demasiados malabarismos. El precio de pactar con el PP es perder fuelle en la llamada «transición nacional». El PP ha hecho pagar su apoyo con «detalles» como el cierre de «embajadas». A CiU le pesa el pacto del Majestic, su relación con el PP entre 2000 y 2003, le pasó factura.