La pasarela del crimen

«Acercarse o alejarse del infierno. A eso se reduce todo». Estas líneas de Roberto Bolaño y el título de su obra, «Putas asesinas», podrían condensar, grosso modo, las desventuras de los implicados en el crimen de Marta del Castillo, la menor sevillana que, presuntamente, fue violada y asesinada por sus amigos y cuyo cuerpo hicieron desaparecer el 24 de enero de 2009

Samuel sueña con ser modelo y en el Juzgado actúa como si se ejercitara ante el espejo antes de comparecer
Samuel sueña con ser modelo y en el Juzgado actúa como si se ejercitara ante el espejo antes de comparecer

En la galería de crímenes de «El asesinato como una de las bellas artes», de Thomas de Quincey, no se incluye a Carcaño y el resto de implicados. Está por ver si el caso es una farsa apoyada en golpes de suerte para poner en jaque a la Policía o el crimen perfecto nacido de mentes criminales. Los caminos a la fama en esta sociedad 2.0 –uno de los implicados disfruta desfilando por los juzgados– resultan inescrutables. Algunos conducen a la cárcel.

La víctima deriva en asesino

Carcaño podría haber recorrido el itinerario narrativo de algún personaje de Dickens. El asesino confeso de Marta cumplirá 22 años en abril. «Si le reñías, obedecía», según su director en el CP Arias Montano. Después pasó al IES Cervantes –cerca de León XIII, donde murió Marta–, siempre con Samuel. A los 16, se puso a trabajar. Aunque no era un delincuente, sí tenía antecedentes al haber sido detenido en un coche robado.

Miguel se inventaba un pasado, cuando la realidad es que había días en los que apenas comía. Pedía dinero a las vecinas, y siempre lo devolvía. Contaba que su padre estaba en Italia, o muerto. Tenía arrebatos violentos, como golpear papeleras o quemar una sudadera por celos. Mantenía relaciones con varias chicas; normalmente, menores. Salió durante un mes con Marta. Ella lo dejó, presionada por su entorno. Seguían viéndose como amigos e iban al piso de León XIII, hoy embargado. Había un enganche entre ambos. Un vínculo mortal.

Según sus vecinos, Miguel heredó el mal humor de su madre, Felisa Delgado, una mujer en silla de ruedas que vendía cupones y que mantuvo varias relaciones que acabaron en abandono. De ellas, nacieron Francisco Javier y Miguel. Dicen que era como «el monaguillo de su madre». Le recuerdan empujando la silla, con Felisa, camino de la Feria o la Semana Santa. Su madre murió en 2007. Con 18 años, Carcaño vivía solo en el bajo C de León XIII. Se convirtió en el rey de la pandilla.

Limpiaba cristales en un bingo de Los Remedios. Entraba a las 5:00. Tenía una scooter roja. Juan Manzorro, su compañero, es la pareja de la madre de su ex novia, Rocío, la menor de 16 años que realizó una tourné por televisión. Carcaño le daba lástima y se lo llevó a vivir a Camas. Miguel ha sabido explotar el papel de víctima. Tenía un lado apocado, pero también otro seductor. Era común verlo en Tuenti, posando ante el espejo, con gafas de sol. En prisión, ha recibido decenas de cartas de admiradoras. Pidió verse con una, pero se le denegó. También crearon un blog de fans.

En la prisión de Morón, trabajó en el economato. También se ocupa de la limpieza. No aprobó el examen para Secundaria. Sigue apartado de los reclusos, por seguridad. El protocolo de suicidio se ha relajado. Atrás queda un intento no del todo creíble. Lo que pasa por la mente de Carcaño es un misterio. Los psicólogos rechazaron cualquier alteración, pero parece que no sigue parámetros comunes. Su abogada le ha dicho «barbaridades para sonsacarle dónde está el cuerpo». Piensa que es posible que no sepa el paradero. «No es normal», subraya. Su identidad se funde con la tormenta de la noche en que murió Marta.

El chico que soñaba con desfilar

Samuel Benítez sueña con ser modelo de ropa interior. Era normal ver su torso desnudo en Tuenti. El presunto colaborador del crimen se gusta a sí mismo. En los juzgados, actúa como si se ejercitara ante el espejo para comparecer en el momento culminante, a lo Cristiano Ronaldo. No comparece, desfila. Acompañó al padre de Marta a denunciar y participó en la búsqueda.

Colaboró en una misa y declaró ante la televisión. El mejor de los actores no lo hubiera hecho mejor. «Marta es una chavala con un corazón que no le cabe en el pecho», dijo. El último mensaje en el tablón de Tuenti de Miguel era de Samuel. Le advertía de «la que se está liando» y pedía que respondiera a sus llamadas. Era de la pandilla de Marta y tenía novia, Estefanía, de Montequinto.

Viene de una familia trabajadora de la barriada del Carmen, a 100 metros de la casa de Miguel. Lo definen como el amigo al que se recurre cuando se tiene un problema. Eso, según la Policía, hizo cuando mataron a Marta. Echar una mano. Fue el único que recriminó «qué habéis hecho, hijos de puta» y quiso ir al hospital. Actúa, a sus 20 años, como el más frío.

El coleccionista de cuchillos

«El Cuco» mostraba en Tuenti su colección cuchillos. Estuvo siempre marcado por la convivencia con las parejas de su madre. El marido de su madre, con quien se crió, guardia civil, se fue al sospechar lo que el ADN demostró. Javier G.M. bebe desde los 11 años; fuma, también porros.

Mal estudiante, pensaba abandonar. A veces iba al colegio en el coche de su madre. Se centraba en Miguel y Samuel, a los que llamaba «primos». Se ha desarrollado, está más fuerte, y tiene el pelo largo. Ha estudiado un módulo de FP para ayudar a mayores enfermos y ha realizado las prácticas. Desde noviembre, vive en un piso tutelado en Cádiz. Cuenta con una orden de alejamiento de la familia de Marta de 50 kilómetros. Va a cumplir 17 años, la edad que tenía Marta. Ella le llamaba «el peque» y «cuñaíto». Las bicicletas son su otra pasión. Solía emborracharse de botellón, con ron con cola. Consiguió que, de entrada, el juez de Instrucción le diera «una extraordinaria credibilidad». Se mostró como una víctima, amenazado por el hermano de Miguel. La narración de Carcaño dibuja a un adolescente capaz de violar a su «amiga». En un careo, se «comió» a Miguel. Durante tres semanas escenificó el dolor ante los amigos y llegó a decir que mataría a quien le hubiera hecho algo a Marta. Trabajó en la búsqueda, aunque con retraso. El día de la desaparición, según él, se fue de marcha. Llamó a Samuel desde una cabina y mandó un sms a Marta: «No tengo saldo». Preparando la coartada. En su juicio, no se ha derrumbado.

El «segurata» que no perdona

Francisco Javier Delgado siempre ha defendido su inocencia. Acusa a Carcaño de engañarlo. El hermano mayor de Miguel por parte de madre, que este año cumple 42, ha sido el referente paterno del asesino confeso de Marta. Se fue de León XIII cuando se casó y tuvo una hija. Volvió tras separarse de su mujer. Dicen de él que es un luchador. Trabajando día y noche como guardia de seguridad –puesto del que fue despedido tras el crimen–, ahorró y puso un bar. Mantenía contacto con Miguel, pero a cierta distancia. Ahora asegura que sólo le perdonará «cuando tenga un pie en el cementerio».