Demasiado pronto

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Creo que tendrían que haber disimulado un poco más. No sé, quizá dos o tres meses. Empezar a montarle tinglados en la calle a un Gobierno que se acaba de estrenar, no parece consecuente cuando han estado quietos durante los siete años que han generado más de cinco millones de parados. Ahora todos coinciden. Rubalcaba, Lara, Méndez, Toxo y el de Bankia. Griñán, con su arrebatador atractivo y su dominio de las masas, ha reconocido que los sindicatos están inmersos en el proyecto socialista. Rubalcaba, que la campaña contra los sindicatos por parte de la «Derecha» es repugnante. Lara, el pelma de Argamasilla, que se ganará la batalla en la calle. Y los sindicalistas llaman a defender el derecho al empleo «pisoteado». ¿Pisoteado por quién o por quienes? No responden a la pregunta. Y menos el de Bankia, inmune al pisotón. Curioso lo de Cayo Lara. Lo que no ganan en las urnas –que no lo ganarán jamás–, se lo quieren adjudicar en la calle. Una calle poco concurrida por Lara cuando gobernaban los primos hermanos del socialismo.

Excesiva precipitación. La Reforma Laboral estaba prevista y anunciada en la campaña electoral. Al Partido Popular no le han votado más de once millones de empresarios –el de Bankia, por poner un ejemplo, votó al PSOE–, sino once millones y medio de españoles hartos del socialismo, y entre ellos, centenares de miles de familias en paro que antaño votaban a las izquierdas. Por respeto a esos once millones y medio de votantes, habrían de esperar un tiempo prudencial para desahogar sus frustraciones y cinismos en las calles. Manda narices que en las cabeceras de las manifestaciones figuren destacados dirigentes socialistas. Es de película italiana protagonizada por Alberto Sordi, genial actor. Con Gassman y De Sica ofreciendo también su talento. Cuando la calle sustituye a los votos, encontramos la muy dudosa convicción democrática de una buena parte de las izquierdas españolas. «Salgamos a la calle para protestar por lo que nosotros hemos hecho, y por lo bien que hemos callado en beneficio de nuestros intereses». Ese, y no otro, es el argumento. La interpretación, la realización y el diálogo no ofrecen grandes expectativas de originalidad.

Si el Partido Popular hubiera perdido las elecciones y Mariano Rajoy anunciado que su derrota en las urnas se convertiría en victoria en la calle, le habrían dicho de todo. Totalitario, franquista, fascista y demás lindezas y lugares comunes. Pero ellos –hay que reconocer que lo hacen muy bien–, tienen patente de Corso. Digan lo que digan y hagan lo que hagan, lo dicen y lo hacen en nombre del «progreso y del trabajador», aunque por su culpa hayamos retrocedido décadas y tengamos en España más de cinco millones de parados como consecuencia de la nefasta política económica y laboral de los socialistas y los sindicatos.

La Reforma Laboral, que efectivamente es dura y exigente –además de exigente, exigida por la Unión Europea–, no sería tan estricta si los socialistas y los sindicalistas hubieran cumplido con su deber. Siete años de auroras boreales, subvenciones millonarias, corrupciones a destajo, derroche del dinero público y mentiras encadenadas nos han llevado a la ruina. La economía no es competencia soberana de cada nación de la Unión Europea. De no haber ganado el PP, España estaría ya intervenida. Y eso lo saben los que van a salir a la calle para protestar contra una decisión obligada que es causa de la desproporcionada desvergüenza de una política depredadora. Y los depredadores, agarrando la pancarta. Lo hacen muy bien.