Hasta la victoria siempre

LA HISTORIA SE REPITE. El empresario jerezano hace el mismo gesto de victoria, el pasado jueves.
LA HISTORIA SE REPITE. El empresario jerezano hace el mismo gesto de victoria, el pasado jueves.

Su padre fabricaba vino y a él se le ocurrió que era buena idea exportarlo. De niño, le gustaban las películas de bandoleros y sus leyendas en Andalucía. Por eso, decidió llevar esos caldos jerezanos a Inglaterra. Así nació Rumasa, el «imperio de la abeja», todo un grupo de negocios emblemático en España. José María Ruiz-Mateos y Jiménez de Tejada, marqués de Olivera, nació en Rota, Cádiz, en el seno de una familia perteneciente por línea materna al ilustre Solar de Tejada, antiguo señorío nobiliario. Su mente inquieta, oratoria locuaz, ansias emprendedoras y su inquebrantable fe religiosa le convertirían en un empresario atípico, admirado por unos, denostado por otros.

Nunca fue cómodo para el poder. Cuando el 23 de febrero de 1983 el gobierno socialista expropió Rumasa, inició un auténtico calvario que le llevó a la cárcel, ser prófugo de la justicia y boxeador oficial contra Miguel Boyer. Sus puñetazos al ex ministro de Felipe, aquel «tartazo» en plena cara, fueron preludio de una serie de sonoras extravagancias. Desde vestirse de Superman, hasta ponerse antifaz de brujo, persiguió sin cesar a Boyer. Pese a ser miembro del Opus Dei, vociferó contra algunos de sus magnates, como el ex presidente del Banco Popular, Luis Valls-Taberner, a quien acusó de dejarle en la estacada.

Ahora, casi treinta años después, la historia se repite. Rodeado de seis de sus trece hijos, un anciano de pelo blanco clama de nuevo contra los banqueros que le abandonan. Desde su casa en las afueras de Madrid, vuelve a sentirse víctima de una conjura y dice que no dejará a ningún empleado en la calle. Es la suya una vida de jugador arriesgado, en una cruzada sin límites. Ante la estampa de su venerada Virgen gaditana, dice que saldrá de esta. O si no, se pega un tiro. Luchador hasta el final.