El fontanero más listo del mundo inventa el patinete ultrarrápido

Llámela scooter, patinete eléctrico o motocicleta, como quiera. Pero lo que es seguro es que jamás verá pasar una tan rápido como la que ha construido Colin Furze: 111 kilómetros por hora. Si el inventor la patenta y la comercializa, como pretende, puede ser la solución al tráfico en la ciudad. Es cómoda, pequeña y ahora, además, rápida.

El patinete ultrarrápido
El patinete ultrarrápido

Si echamos un vistazo al currículum de Colin Furze, un fontanero británico de 31 años con pocas tuberías atascadas que arreglar y mucho tiempo libre, no parece que, hasta la fecha, haya aportado gran cosa a la movilidad de las grandes ciudades. Más bien todo lo contrario. Sus últimos inventos le habían servido, eso sí, para encaramarse a las portadas de la prensa de su país.

Hace dos años se le ocurrió modificar el tubo de escape de su moto para instalar un potente lanza-llamas. ¿Para qué servía? Oficialmente, para mantener a raya a los incómodos conductores que se acercan demasiado, una forma agresiva de sustituir la tradicional pegatina de "si lees esto es que estás demasiado cerca". La broma, bautizada como "flame-thrower bike", no le sirvió más que para ser detenido por llevar armas de fuego sin autorización.

Un año antes, en 2009, había inventado la motocicleta más larga del mundo, un estrambótico cacharro de 14,03 metros (cinco más que el anterior récord Guiness) que consistía simplemente en partir en dos una moto y unir ambas mitades con una grúa. El vehículo no servía ni para llevar pasajeros ni para colgar el bolso, no pasaba de los 48 kilómetros por hora y consumía cuatro tíckets de aparcamiento de una sola tacada.

El propio Furze, que consiguió los materiales en e-bay, era consciente de las limitaciones del artilugio: "Puedes conducirla como una motocicleta normal, pero tienes un pequeño problema cuando llegas a una rotonda pequeña. Además, es difícil de manejar si tienes que dar la curva en una carretera estrecha".

Con cinco marchas
Ahora ha decidido enmendar sus errores y proponer al mundo un invento, por fin, eficaz. La técnica no es especialmente laboriosa: se toma un patinete eléctrico, se le instala el motor de una motocicleta de 125 cc bajo el asiento, cinco marchas, un potente tubo de escape… y a correr.

Según Furze, el invento no chupa demasiada gasolina, es nueve veces más rápido que un scooter normal y permite una conducción cómoda y relajada. Otra cosa es que sea seguro. "Estaba cansado de escuchar las quejas de mucha gente por lo lento que van estos patinetes eléctricos alrededor de los supermercados y cómo bloqueaban los pasillos, así que decidí hacer uno realmente rápido", asegura.

¿Y qué se siente al circular a más de cien kilómetros por hora sobre un cacharro que hasta ahora competiría con el triciclo de un niño? "Al principio estaba muy nervioso –confiesa el fontanero-, pero alcancé muy pronto las 69 millas por hora (111 kilómetros)". El único peligro será no rebasar los límites de velocidad. No tanto por la multa en sí, sino por la vergüenza de tener que dar explicaciones.