«Me he salvado por pocos segundos»

Los supervivientes explican la tragedia vivida en la estación de Castelldefels Playa. Algunos testigos aseguran que el convoy sólo hizo sonar la sirena «cuando había arrollado a la gente»

La estación de Castelldefels se reabrió al mediodía. Los trenes se llevaban por delante las flores que vecinos, familiares y amigos habían dejado en el lugar de la tragedia
La estación de Castelldefels se reabrió al mediodía. Los trenes se llevaban por delante las flores que vecinos, familiares y amigos habían dejado en el lugar de la tragedia

BARCELONA- «¡Viene un tren, viene un tren!». José Manuel consiguió ponerse a salvo mientras intentaba alertar de la aproximación de un Euromed a sus amigos y al resto de personas que como él escogieron cruzar las vías para llegar hasta la playa y seguir celebrando la verbena de San Juan. Los gritos fueron en vano. No hubo prácticamente tiempo de reaccionar; el convoy viajaba a 139 kilómetros por hora y por lo menos una treintena de personas intentaba alcanzar el otro extremo de la estación por el mismo lugar.

«Me he salvado por pocos segundos», explicó ayer Quini, aún desconcertado, cansado y rabioso. La muerte le ha golpeado con apenas 18 años. Ni José Manuel, ni Quini, ni el resto de su pandilla durmieron en toda la noche. Vivieron la tragedia en sus propias carnes, vieron cuerpos descuartizados, trozos humanos desperdigados y la sangre de las víctimas llegó a mancharles sus ropas y su piel. Entre los fallecidos y los heridos constan cuatro amigos suyos. Diego y Eduardo seguían «desaparecidos» al mediodía y otros dos permanecían ingresados, «con las piernas todas rotas», en el Hospital de Sant Boi de Llobregat.

Pero ¿qué llevó a este grupo de amigos y una veintena de personas más a cruzar las vías? Explica Quini que intentaron acceder al paso elevado para llegar hasta la playa pero estaba cerrado. «Estaba a oscuras» y con la cantidad de gente apeada en el andén en ese momento era imposible ver cualquier tipo de señalización que indicara por dónde cruzar al otro lado, asegura. Así que, junto al grupo de amigos con el que iba, unas 20 personas, optó por ir en línea recta para alcanzar la playa. «Hemos perdido a dos personas muy importantes en nuestra vida por un maldito tren», se lamenta este joven. Un tren que, según éste, no llevaba las luces encendidas ni hizo sonar la sirena para avisar de su paso. «Pitó y encendió los faros cuando ya había arrollado a la gente», denuncia. Pero, sobre estos puntos, los testigos de la tragedia se contradicen. Y es que hubo mucha desorientación en un andén abarrotado y la noche «alegre» se truncó en cuestión de segundos.

Reacción inmediataCandy lo vio todo desde el lugar donde acababa de apearse del tren que, como al resto, la llevó de Barcelona hasta Castelldefels. La joven recuerda horrorizada. «Me salpicaron trozos humanos. He visto extremidades esparcidas por las vías...», explica. Víctimas y heridos fueron atendidos por los que presenciaron la tragedia y por vecinos. Su reacción fue inmediata. El estruendo fue tremendo, el golpe entre el tren y los cuerpos se confundió con el ruido de los petardos. Quini alertó a una patrulla de los Mossos d'Esquadra que se encontraba de servicio en las inmediaciones de la estación y en pocos minutos, la zona se llenó de agentes, sanitarios, psicólogos y policías científicos. Su tarea: atender a heridos y supervivientes, levantar los cadáveres, recoger todos los trozos humanos y comenzar las pesquisas para investigar lo ocurrido.

También recibió apoyo psicológico el conductor del Euromed, que no pudo frenar a tiempo, igual que los jóvenes que presenciaron el infierno. «Están traumatizados pero los jóvenes se dan mucho soporte entre ellos, se abrazan y lloran juntos», dijo un psicólogo.