La «Primavera Árabe» se desinfla por Mark Steyn

Los militares no consiguieron ayer frenar la violencia en El Cairo
Los militares no consiguieron ayer frenar la violencia en El Cairo

Estoy alarmado por los últimos sondeos. No, por los de las primarias americanas de Iowa. No. Hablo de los sondeos de Egipto. La política exterior está ausente de la campaña presidencial estadounidense porque estamos tan arruinados que el electorado parece haberse hecho a la idea de que si el Estado va a tirar miles de millones de dólares por el retrete, mejor que sea en un sanitario ecológico aprobado por Al Gore en Des Moines que en el retrete de Waziristán. Por desgracia, el mundo que se asoma en esta década es cada vez más hostil a los intereses estadounidenses y costará más dinero disuadir a nuestros adversarios.

El caso de Egipto es ejemplar. Fui algo escéptico durante el vertiginoso apogeo de la «Primavera Árabe» y la «Revolución Facebook». En febrero, advertí de que se trataba del «desmoronamiento del Oriente Próximo americano» y del ascenso de un orden post occidental en la región. Era tan pesimista que pensaba que en cualquier proceso electoral, los Hermanos Musulmanes se llevarían la tercera parte de los votos y sería la formación con más representación del Parlamento. El escrutinio de la primera ronda de las elecciones legislativas enseñó que los Hermanos Musulmanes se habían hecho con el 40% de los votos. La votación tuvo lugar en los grandes (y únicos) núcleos urbanos en los que residen los tipos de Facebook en El Cairo y Alejandría. En segundo lugar se quedó el partido islamista Nour, con hasta el 15% de las papeletas. «Nour» se traduciría al cristiano como «la Hermandad todavía más Musulmana».

En la segunda vuelta, que tuvo lugar esta semana, los islamistas se habrían hecho con una mayoría más fuerte todavía. Una tendencia que de confirmarse daría a los partidos religiosos un mandato popular para arrebatar el control al Ejército y reformar, a la postre, un aliado estadounidense clave en la región.

Como señala el escritor Barry Rubin, si éste es el gusto electoral que tienen los tipos urbanitas sofisticados, espere a conocer los resultados en todo el país. Para cuando se conociera el voto rural del Sinaí y el Delta del Nilo, los islamistas radicales estarían asentados. En la llamada «Revolución Facebook», las dos terceras partes del país árabe más grande del mundo están votando al ritmo inflexible, cruel, racista y misógino de la ley islámica.

La versión corta de los 90 años de historia del Egipto independiente es que va a peor. El Egipto de Mubarak era peor que el Egipto del Rey Farouk, y lo que salga de estas legislativas va a ser todavía peor. La monarquía egipcia previa al golpe de 1952 tenía defectos y era rudimentaria y corrupta, pero estaba más cerca de una sociedad plural de corte liberal que ninguno de los gobiernos que han venido en los años posteriores. En 1923, su ministro de Economía era un caballero judío llamado Joseph Cattaui. Hoy eso no ocurre. El nieto de Cattaui me escribió hace poco desde Francia, donde reside su familia ahora. En el improbable caso de que el próximo Gobierno quiera nombrar a un judío ministro de Economía, no encontrará a ninguno. Nos hemos acostumbrado al hecho de que Egipto es hoy un país sin judíos. Dentro de poco será un país sin cristianos coptos. Y también nos acostumbraremos.