El terror de vivir en Cuba y disentir

El último informe de Amnistía Internacional ha vuelto a poner la lupa sobre esa pequeña isla llamada Cuba. El documento denuncia el clima de temor y las restricciones a la libertad de expresión propiciadas por la legislación del país. Este diario recogió el testimonio del ex maestro de Matemáticas y periodista de oficio Yosvani Anzardo, y del ex campeón de boxeo y hoy parapléjico Ariel Sigler; dos historias que cuentan por sí solas cómo las leyes del Gobierno castrista permiten que todo aquel que tenga una opinión contraria al régimen sea duramente castigado al ser acusado de cometer un «crimen».

Yosvani Anzardo es un ex profesor de 37 años que en marzo del año pasado se embarcó, junto a un pequeño grupo de amigos, en la tarea de montar un diario digital que llamaron «Candonga». Desde su casa de la provincia de Holguín, Yosvani nos cuenta cómo después de 6 meses de luchas informáticas, en las que el Gobierno trató de afectar el sistema del diario, un contingente de casi 50 policías de Seguridad del Estado «armados como para una guerra» llegó a su casa para desmontar los viejos equipos que utilizaba como soporte para difundir «Candonga».«Nuestra idea no era atacar ni defender a nadie, simplemente informar al país sobre la realidad. Teníamos una sección de denuncia, en la que contábamos la situación de las cárceles. Desde que salimos, nos advertían de que el Gobierno estaba tras nuestros pasos y que querían perjudicar nuestro sistema, pero no lo lograron. Finalmente, el 10 de septiembre del año pasado llegaron a mi casa para apropiarse del equipo. Pude destruir mi vieja Pentium I antes de que la tomaran», narra.La historia de Yosvani no termina con la destrucción de su viejo ordenador y la desaparición de «Candonga». El ex maestro fue detenido durante más de dos semanas, supuestamente por atentar contra las leyes 80 y 88, las cuales señalan que pueden ser pasibles de hasta 20 años de cárcel las personas o asociaciones de personas «que envíen noticias al exterior y colaboren con medios de comunicación imperialistas».«Yo tuve la suerte de que distintas organizaciones internacionales, como Reporteros sin Fronteras, se manifestaran sobre mi caso, si no estoy seguro que no se sabría de mí. Quizá estaría preso, quizá no hubiera vivido para contarlo. Eso me salvó», dice.Yosvani también sufrió un atentado contra su vida por organizar una conferencia de Prensa para la Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales (FLAMUR). «Me mandaron a decir que si seguía tomando contacto con la Prensa extranjera cualquier cosa me podía pasar. Yo seguí con la labor y la noche siguiente una moto me embistió. Aunque pude esquivarla, perdí el líquido de una rodilla al caer contra el suelo», narra el profesor, que fue expulsado de su cargo tras ser acusado de hacer propaganda contra el régimen.Ariel Sigler fue el primer opositor en ser encarcelado durante la llamada Primavera Negra del 2003. Al momento de su detención, el hasta hoy presidente del movimiento Opción Alternativa -un ex campeón de box de la provincia de Matanza, pesaba más de 90 kilos. A sus 46 años y con 30 kilos menos, Ariel ha sido recientemente excarcelado por el Gobierno de los Castro, pero ha salido de la prisión postrado en una camilla: hoy es parapléjico. Aquel 18 de marzo de 2003, fue detenido por el supuesto delito contra la seguridad del Estado. Como él nos comenta desde Santa Clara a través del teléfono, en realidad su único delito fue reclamar por las libertades del pueblo cubano. «Acá no hay libertades, la libertad de expresión está castrada. Los cubanos estamos expuestos a recibir cárceles, golpizas, o a perder nuestros trabajos si expresamos nuestras ideas», cuenta Sigler a LA RAZÓN y recuerda que el artículo 53 de la Constitución señala que «hay libertad de expresión siempre que se haga a favor de la revolución socialista».Aunque apenas tres días después de su excarcelación Ariel recibió una visa humanitaria del Gobierno de Estados Unidos, han pasado tres semanas sin que pueda hacerla efectiva. El régimen le ha exigido que vaya personalmente a diferentes oficinas para conseguir un permiso para salir del país, pero finalmente le han indicado que necesita una carta del hospital en el que se tratará. «Esto es una burla, una traba porque hemos luchado por las libertades del pueblo sin coger un fusil, sin poner una bomba», finaliza.