Todo por la pasta por Rosetta Forner

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La ausencia de valores espirituales lleva a algunos seres humanos a matar por una pensión si es preciso. Esto no es nada nuevo: «Caín mató a Abel por un plato de lentejas». A muchos el dinero les gobierna, comportándose como vasallos de un «ente abstracto» al que nunca le verán la cara, y que, sin embargo, regirá sus destinos y enviará su alma de cabeza al infierno.

Tanto a hombres como a mujeres les pierde el dinero, el poder o la gloria efímera de la Tierra, pues no es algo consustancial al género, sino a la tipología de alma. Jamás un humano dará más importancia al dinero que a la vida. Ergo, los comportamientos ausentes de dignidad y de amor son propios de los humanoides. Quien da preferencia al dinero sobre la tranquilidad de espíritu tiene un descosido espiritual por el que se le cuelan todas las imperfecciones de la vida en la Tierra.

En la sociedad actual tenemos muchos «socavones morales» en los cuales es fácil caer y perderse si uno no tiene claro su escala de valores. La felicidad y la capacidad de disfrutar pertenecen al alma, y esos simples trozos de papel sólo sirven para pagar cosas.
No existe justificación para matar a otro ser humano ni por una pensión ni por frustraciones varias. Por consiguiente, ya rendirán cuentas en el Tribunal del Alma. Según mi abuela María Rosseta, la conciencia era verde y se la comió un burro. Será por eso que muchos no entienden de justicia cósmica.