La gola un problema Arturo REVERTER

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No cabe duda de que Jonas Kaufmann, que acaba de traspasar la cuarentena, posee mimbres de interés sobre los que edificar una figura, y no es el menor una atractiva y juvenil presencia física, con un rostro simpático y fino coronado de bucles. Claro que lo que importa en estos casos, sobre todo, es la voz, y ésta se caracteriza por un timbre cálido, ocasionalmente penumbroso, una extensión considerable y una vibración muy masculina. En una indiscutible dimensión lírica es densa, compacta y maleable. Por otro lado, el artista sabe manejarse a la hora de regular las intensidades y frasear con gusto musical y soltura, sin dengues ni ñoñerías; virilmente. Canta con pulcritud no exenta de elegancia, con moderados toques de apasionamiento como tenor ahora ya encauzado hacia papeles románticos.Sucede que Kaufmann ve aquejada su emisión por un indeseable uso de la gola, de la garganta, lo que no deja libre el paso del sonido más puro, que por eso no resulta redondo, limpio de adherencias. Y escuchamos apoyos non sanctos que afean, al intervenir músculos del cuello y la laringe que no son necesarios, un timbre en origen atrayente. Lo que impide con frecuencia llegar a la almendra, a la entraña poética de ciertas músicas. Por ejemplo, para su debut en el Festival de Bayreuth debería el tenor haber eliminado esas sonoridades espurias que en todo caso hacen más cómodo el canto, y dedicarse con unción a trasladar al oyente el mundo mágicamente lírico que tiene el personaje. Esperemos que el cantante no se siga adentrando en otras más dramáticas figuras wagnerianas, como son Tristán, Tannhäuser, Siegfried, que exigen un caudal, una contundencia y unas dimensiones vocales que hoy por hoy Jonas Kaufmann dista de poseer. Sería para él el principio del fin.