A vueltas con la tecnología en el aula

Pedagógos y docentes dividen sus posturas entre el necesario reciclaje educativo y las desventajas del modelo.

A vueltas con la tecnología en el aula
A vueltas con la tecnología en el aula

BARCELONA- «Los profesores no pueden diseñar el futuro educativo, está fuera de sus manos». El pasado 20 de enero, Genís Roca, especialista en las lógicas sociales de la llamada Web 2.0 y ex gerente de las iniciativas de Internet en la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), utilizó esta afirmación en el evento TEDxRamblas.
Un enunciado que le sirvió para dirigirse a la comunidad educativa y alertar de que, al igual que músicos y usuarios no controlaron el paso del CD a la música en Internet –veáse, Spotify–, los alumnos y los docentes no podrán controlar el paso a los contenidos digitales. «Falta esfuerzo tecnológico, la información no es poder, lo que nos hace poderosos es estar en la red», explicó Roca.

Cambio productivo
Para visualizar su teoría, Roca ilustró la problemática actual con una foto de un aula con alumnos con su boli y papel, un maestro y una pizarra. Una imagen que bien podría tener 70 años pero que estaba fechada en la actualidad. Una idea de «sistema caduco» que ejemplarizó con sus propias hijas. «Quedan con sus compañeras de clase para hacer un trabajo, cuando no saben que en realidad trabajar en línea les sería mucho más productivo», afirmó.
«No podemos negarnos al cambio de sistema productivo que estamos viviendo, utilizamos tecnología desde hace 1,5 millones de años pero convivimos con ordenadores desde hace sólo 30, el cambio en el sector del conocimiento es imparable y tenemos que vivirlo sin negación y con alegría», puntualizó Roca.
Un consejo que parece no haber seguido la consellera de Ensenyament, Irene Rigau, que anunció el pasado lunes que frenará el plan de digitalización en las aulas que implementó la anterior conselleria el curso pasado. El programa «EduCAT 1x1» se basaba en una fórmula sencilla: un portátil para cada alumno en aulas plenamente informatizadas y bajo contenidos digitales.
La implantación no fue bien recibida en el sector docente y las críticas sobre su utilidad han sido más que latentes, por lo que Rigau ha decidido «estudiar el valor pedagógico de la tecnología» y paralizar el programa. ¿El resultado? Unos 100.000 estudiantes que ya tenían un portátil –financiado en tres partes entre el ministerio, la conselleria y las propias familias– se quedan a la espera de saber qué hacer con él en un futuro próximo.
La medida, aunque algunos sindicatos como Ustec o CCOO han críticado el frenazo drástico, ha sido bien recibida por el sindicato de docentes de Secundaria Aspepc-Sps.
«El programa 1x1 era una barbaridad, pruebas piloto que se habían realizado en países como Suecia o EEUU demostraron que incluir la tecnología no aportaba conocimiento», defiende el portavoz de la agrupación sindical, Xavier Massó.
Para el delegado, el modelo único que obligó a implantar el ex conseller Maragall –marca Toshiba– tenía un coste excesivo de 300 euros cuando «había ordenadores con más prestaciones y más económicos en el mercado».
«Los docentes estamos desbordados, no podemos controlar qué visitan los alumnos porque no podemos limitar el uso de webs –mediante proxys– y en un instituto el ancho de banda llegó a colpasarse porque un alumno se llegó a descargar una película», ejemplariza Massó.
Con todo, el debate sobre el futuro educativo siguen en pie. La enseñanza sigue un modelo –el de la Ley Moyano– que se implantó hace 150 años para alfabetizar a los hijos de la industrialización uniformando el conomicimiento. Mientras tanto, la realidad 2.0 seguirá avanzando y las aulas, a la espera de cambios.