«Txeroki» controlaba el «comando Elurra» y las falsas denuncias de torturas

Garikitz Azpiazu Urbina, "Txeroki", que aparece en el video horas antes de que fuera detenido en la localidad francesa de Cauterets, el 17 de noviembre de 2008, en una operación realizada gracias a la información aportada por la Guardia Civil, era el responsable del "comando Elurra", el que perpetró el atentado de la T-4 de Barajas, con el resultado de dos personas muertas y grandes destrozos materiales. En estos días, 14 agentes de la Benemérita están siendo juzgados en la Audiencia de San Sebastián al haber sido acusados por los miembros de esa célula etarra de malos tratos.

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La falsedad de la denuncia de torturas se puso de manifiesto en un documento que se le intervino a "Txeroki"en el momento de su arresto. Para este individuo, el "Elurra"era uno de sus principales "comandos", hasta el punto de ponerle como ejemplo por haber seguido las instrucciones de la banda de presentar denuncias falsas con el fin de deslegitimar la lucha antiterrorista y bloquear el trabajo de los agentes.

Azpiazu ejemplarizaba la actuación de los miembros de esta célula y subrayaba que, "aunque la caída (detención) ha sido grave […], lo relacionado con las torturas falsas sufridas por Igor Igor Portu, uno de los miembros del "ELurra") en manos del enemigo está en buen camino, esta es la estrategia que hay que seguir ante las caídas, siempre. Visto el buen resultado que estamos obteniendo y el daño que causamos al enemigo, es muy importante que los militantes interioricen bien en la eskola (cursillos de adiestramiento de terroristas) la importancia que tiene el tener preparada la cantada, igual que hacía el talde de Igor […] siempre hay que denunciar torturas".


La «larga sombra del tricornio» cayó sobre «Txeroki»
Fueron las últimas fotografías en libertad de Garikoitz Azpiazu, «Txeroki», jefe del «aparato militar» de ETA, cuando aguardaba, en una calle de Cauterets, Francia, a otro miembro de la banda. El terrorista trataba de localizar posibles vigilancias policiales. Mientras, los agentes de la Guardia Civil, que le seguían desde hacía varios días, le grababan en vídeo. Azpiazu fumaba, siempre atento a todo lo que ocurría (después se supo que en la intimidad le daba a la marihuana), sin sospechar que la «larga sombra del tricornio» (frase que hizo célebre un oficial de la Benemérita) se había posado ya sobre él. Cuando le arrestaron, tenía un papel en el que se jactaba de las denuncias falsas de torturas que dos de sus colaboradores formularon contra guardias civiles, juzgados estos días en la Audiencia de San Sebastián, informa J. M. Zuloaga.