La ONU declara la guerra a Gadafi

Los quince embajadores del Consejo de Seguridad aprobaron en Nueva York ayer una resolución en contra de Muamar Gadafi apremiados por sus respectivas capitales tres horas después de que el dictador libio prometiese recuperar el bastión rebelde de la ciudad de Bengasi.

Milicianos insurgentes y civiles celebran el derribo de uno de los cazas del ejército de las fuerzas de Muamar el Gadafi
Milicianos insurgentes y civiles celebran el derribo de uno de los cazas del ejército de las fuerzas de Muamar el Gadafi

La medida, que fue aprobada con diez votos a favor y cinco abstenciones de China, Rusia, Brasil, India y Alemania, puso de manifiesto las divisiones del Consejo sobre cómo actuar ante la crisis. La resolución, presentada por Reino Unido, Francia y Líbano y respaldada por EE UU, incluye la autorización de «una zona de exclusión aérea», «la toma de todas las medidas necesarias para proteger civiles», que en lenguaje diplomático da luz verde al uso de la fuerza y la demanda «del inmediato alto el fuego y el total fin de la violencia y los ataques y abusos contra la población».

Una vez ratificada la medida, las fuerzas aéreas británicas y francesas se prepararon para comenzar los ataques, previstos horas después de la autorización de la ONU. Mientras, los paises árabes acordaron prestar apoyo logístico a los europeos. En cambio, se decidió que las fuerzas estadounidenses no van a actuar, al menos en los primeros ataques.

De esta forma, este órgano de Naciones Unidas decidió intervenir un mes después de que empezasen las revueltas al constatar que la comunidad internacional había sobrevalorado la fuerza de los rebeldes y subestimado la del tirano.

Por ello, una vez que Gadafi aseguró Trípoli y recuperó posiciones, la Casa Blanca, muy cauta durante las últimas semanas al no querer otra invasión de un país árabe, cambió de forma radical su política. Fue cuando la embajadora estadounidense, Susan Rice, empezó a presionar para sacar adelante una resolución contundente que frenase a Gadafi.

Atrás quedaron las largas jornadas de deliberaciones y cálculos diplomáticos de los últimos días. La semana pasada el representante francés, Gerard Araud, desestimó declarar el cielo libio «zona de exclusión aérea» tras la experiencia de Bosnia-Herzegovina en la guerra de Yugoslavia. Pero ayer no sólo estuvo en todo momento sobre la mesa de negociaciones la opción del bombardeo de infraestructuras libias, sino también qué lenguaje utilizar para que las tropas internacionales pudiesen entrar por tierra en el país sin que pareciese una ocupación.

Hasta que se produjo la votación, ningún diplomático se atrevió a predecir la postura de Rusia o China, miembros permanentes con derecho a veto, siempre en contra de las intervenciones militares occidentales en naciones soberanas. El representante de Moscú, Vitaly Churkin, se quejó de que el resto de los países retrataron a Rusia de una manera injusta. Sin embargo, Reino Unido, Francia y Estados Unidos ya se habían asegurado, al menos, los nueve votos mínimos que se necesitan para aprobar cualquier resolución en el consejo. Y la decisión, tarde aunque a pronto dentro de los tiempos de Naciones Unidas, ya se había tomado.

Apoyo italiano

Italia está dispuesta a ceder el uso de sus bases militares para apoyar las acciones derivadas de la decisión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de establecer una zona de exclusión aérea sobre Libia, según ha informado una fuente del Gobierno italiano a Reuters. «Sí, hemos dicho que estamos preparados para hacer eso», dijo el informante, interrogado sobre el uso de las bases italianas.

La base de Sigonella, ubicada en la isla de Sicilia, es una de las más próximas a Libia, por lo que podría ser de gran utilidad. Actualmente forma parte de la logística de las operaciones realizadas por la VI Flota de EE UU.