Las escultóricas formas del arte del siglo XX

La Fundació Suñol expone objetos creados por Miró, Giacometti o Arp

BARCELONA- Coincidiendo con el quinto aniversario de su apertura, la Fundació Josep Suñol recupera algunos de los tesoros escultóricos que guarda en sus colecciones. Un total de 34 obras de 24 creadores permiten conocer de primera mano las corrientes artísticas más renovadoras del siglo XX, desde el nacimiento de los llamados «ismos» hasta la década de los 90. De esta manera el visitante de la Suñol puede conocer de primera mano la evolución de la escultura en un periodo repleto de importantes creadores.
La muestra se abre de la mano de Eduardo Chillida, con uno de sus trabajos más expresivos del artista vasco. En «Rumor de límites IX», una composición en madera, conviven el acero y la madera que no deja indiferente al espectador. Chillida logra el milagro de hacer flexible el hierro, de convertir en próximos los extremos. Ante Chillida, se ha instalado «Pan tostado», una obra de Claudio Bravo con la que se quiere plantear la cuestión de si realmente existen límites entre la escultura y el objeto.

Futurismo
En una sala se reúnen interesantes obras de pequeñas dimensiones, firmadas por algunos de los principales creadores de la primera mitad del siglo pasado. De esta manera, por ejemplo, se exhibe la espectacular «Linee-Forza del pugno di Boccioni II», de Giacomo Balla, donde el artista italiano pone en tres dimensiones las ideas del futurismo. Precisamente esta imagen es la que explotaría, incluso como papel de carta, el creador de esta corriente, Filippo Tommaso Marinetti.
Dentro de la vanguardia española, Pablo Gargallo, Julio González y Joan Miró son los tres grandes protagonistas en la Suñol. Del primero se presenta su máscara-homenaje en bronce a Kiki de Montparnasse, la gran musa de la bohemia parisina. Gargallo realiza una máscara vacía de forma en la que se adivinan las principales características de quien también fuera modelo de Man Ray o Foujita. En el terreno de la máscara también están las tres obras de Julio González y en las que el artista juega con la simplificación de la materia, además de con los juegos de luz y sombra, para poder expresarse. Del mismo autor es también «Gran personaje de pie», una de las obras maestras de González y donde brilla su dominio de la línea. Una mención aparte la merece «Dona» (1948) de Joan Miró, un ejemplo de periodo en el que el artista catalán trabaja en piezas de bronce de pequeño formato.
La exposición deja espacio a Jean Arp, uno de los creadores del dadaísmo, con «Bourgeon sur coupe», un mármol blanco trabajado en el año de la muerte del artista de una gran fuerza poética abstracta. Arp acabó inscribiéndose al surrealismo al igual que Alberto Giacometti, de quien se conserva un interesante ejemplo de su figuración expresiva con la estilización de la anatomía humana en «La jambre».
Un móvil de Calder con el poético título «Une lune blue» nos recuerda que los artistas del siglo XX querían que sus esculturas conviveran con el espacio y que fueran variando en función del tiempo y el lugar en el que se exponían. Igualmente revolucionario es el hierro pintado de Lucio Fontana, «Omaggio alla Pollola».
La década de los 80 es una de las más ricas en la fundación, un periodo del que el coleccionista que da nombre a la institución ha logrado adquirir unas 400 obras de arte. En este sentido, Moisès Villèlia, Susana Solano, Jaume Plensa, Jordi Colomer y Pep Durán son quienes marcan este terreno. También podemos encontrar alguna instalación interesante como «Suite erocomida» de Zush o la muy particular e imposible silla ideada por Jaume Xifra.


- Dónde: Fundació Suñol. Paseo de Gràcia, 98.
- Cuándo: Hasta el 1 de septiembre.
- Cuánto: 5 euros.