El PSOE se resquebraja y la candidatura de Griñán queda en el aire

SEVILLA- «Morir matando», podría titularse la película. José Antonio Viera venía rumiando dejar el cargo de secretario general del PSOE de Sevilla antes del 38 Congreso Federal, entonces habló de «presiones ilícitas» que «vulneran la libertad» de los delegados y se refería a los altos cargos que hacían campaña por Carme Chacón, directamente a los satélites políticos que giran alrededor de Susana Díaz, secretaria de Organización del PSOE andaluz, y José Antonio Griñán, secretario general del partido en Andalucía.

La victoria de Rubalcaba –en clave andaluza, la derrota de Griñán– le otorgó aire. «Me iré si no hay una lista de consenso», avisó. Y Viera, en pleno partido, ha pinchado el balón, por más que el aparato haga como si nada. Las nuevas «injerencias» para elaborar la lista en Sevilla para las autonómicas han terminado por decantar su dimisión, dejando al PSOE andaluz resquebrajado a mes y medio de las elecciones.
Viera deja el cargo porque «su autonomía se vulneraba de manera muy grave». Puso como ejemplo el veto a Alfonso Guerra en el Congreso Federal y criticó que entonces circulara un documento titulado «Con Griñán o contra Griñán». «Yo nunca he ido con nocturnidad y alevosía o provocando deslealtades», dijo. «¿En qué estamos pensando, en el día 25 o en el 26?», cuestionó Viera sobre los intereses de los presentes.
«Entiendo desde el punto de vista personal que haya gente que en algún momento tenga que anteponer el interés de su familia al interés del partido», añadió. «Si vamos a seguir pidiendo a la gente el pedigrí de su grado de lealtad según se haya acompañado o no, según hayan cambiado las condiciones personales o económicas de alguno, esta organización, si no se mueve en otra dirección, no se parece a la sociedad a la que queremos representar», aleccionó.

El comité provincial finalizó con una lista provisional, ya que la dimisión del secretario la deja, según los estatutos, en el aire. Carmen Hermosín, de la Comisión Federal de Ética y Garantías, advirtió en este sentido. La Ejecutiva Regional deberá estudiar el informe de la comisión de listas el miércoles, antes de la aprobación definitiva de las candidaturas por el comité director. Los afines a la dirección regional pretenden dar por buena la votación. Los socialistas que se han desligado del comité insistieron en que la reunión ha sido «ilegítima». Sólo votaron 79 (72, a favor; 7 en blanco) de los 144 miembros del comité provincial. La lista quedó conformada por Griñán, Susana Díaz, el parlamentario José Caballos, la consejera de Salud, María Jesús Montero, y el también parlamentario José Muñoz. Les siguen Carmen Tovar, Carmelo Gómez, Verónica Pérez y Celis. Pocos escaños para tanta persona a sueldo del partido.
Antes del comité, en el hotel La Motilla de Dos Hermanas, Francisco Toscano y Javier Fernández, por parte del provincial, negociaron una lista conjunta con José Muñoz y Carmelo Gómez, por parte del regional. Los puestos de Celis y Miguel Ángel Vázquez rompieron el diálogo. Entonces, Viera –como cabeza visible de los contrarios al «susanismo»– pinchó el balón y dimitió.

Fuentes del partido informaron a LA RAZÓN de que en el Congreso Federal ya se vislumbraba esta salida. En clave orgánica, la dimisión de Viera no es sólo la salida de un alto cargo del partido en la única provincia en la que los socialistas ganaron al PP en las generales, en la agrupación más importante de España. La dimisión de Viera evidencia la gangrena de las estructuras socialistas, regida ahora mismo, de facto, por pequeños reinos de taifas ante la falta de credibilidad en el «sultán» Griñán y su segunda, Susana Díaz. Y, más allá, la renuncia del secretario general del PSOE de Sevilla, en clave interna, supone, ya que se da por hecho que «este paso Viera no lo ha dado solo», que «su objetivo va más allá del comité». En la guerra interna socialista, a pesar de la cercanía de los comicios, los barones locales apuntan a lo más alto. Ergo, igual estos días salen a la luz «papeles comprometedores».

 

Las peores horas de Pepe
José Antonio Griñán, nada más ser designado por el dedo de Manuel Chaves, su antecesor en la Junta y antiguo compañero de veladas en el cine de la Alameda, defendió que le llamaran Pepe. No le sirvió para ganarse todas las fidelidades del partido. Por más que se le reconozca, formalmente, más preparado que a Chaves, su capacidad para jugar con el statu quo está a años luz. El escándalo de los ERE, con documentos vinculados a la Consejería que llevaba Griñán, Hacienda, antes de acceder a la Presidencia y las guerras intestinas del partido han hecho el resto. En el PSOE de Sevilla y en el de Cádiz, por ejemplo, aplaudirán su caída.