Cofinanciación por César Lumbreras

La Razón
La RazónLa Razón

El «papel» presentado por la presidencia chipriota, que es el resultado de sus últimos contactos con todas las delegaciones de los países miembros de la UE, deja claras dos cosas. La primera, que una mayoría no acepta la propuesta sobre el Marco Financiero de la UE para el periodo 2014-20 en lo que respecta a los gastos, que deberán recortarse. La segunda, que también habrá que reducir el dinero destinado a financiar la PAC y, en concreto, la partida relativa a las ayudas directas. Finalmente, ¿habrá ese «tajo», y de cuánto será?

Es algo imposible de saber en este momento, ya que dependerá de la negociación, pero todo apunta a que sí. Por ahora, los responsables del Ministerio de Agricultura han pedido al titular de la cartera de Exteriores, que es el que acude al Consejo de Asuntos Generales, que se oponga al planteamiento de los chipriotas. Hoy veremos si García-Margallo hace caso, o no, a Arias Cañete. Ésta es la primera vertiente del problema.

La segunda se refiere a la cofinanciación. Todo apunta a que durante los próximos años los presupuestos del Ministerio y de las comunidades van a ser muy limitados, por lo que no habrá mucha «pasta» para cofinanciar medidas que se aprueben en Bruselas. En consecuencia, se corre el riesgo de perder dinero, que podría venir de las arcas comunitarias, pero que no llegará porque no habrá aportación estatal. Visto lo anterior, parece lógico pensar que, durante la negociación para reformar la PAC y para fijar el presupuesto comunitario, la delegación de Madrid dé prioridad a las ayudas que no exijan cofinanciación. Eso afectará fundamentalmente a la política de desarrollo rural que, si es necesario, debería sacrificarse en beneficio de las ayudas directas que no exijan la citada cofinanciación. He ahí un dilema.