Cameron gana el primer asalto

El primer ministro británico sale airoso del debate del «caso Murdoch» y promete llegar hasta el fondo. 

Cameron gana el primer asalto
Cameron gana el primer asalto

David Cameron sabía que ayer iba a ser el protagonista en Westminster. Tras las declaraciones de los Murdoch y de la superpoderosa Rebekah Brooks, todo el mundo ansiaba escuchar al «premier», que tuvo que retrasar su descanso veraniego para comparecer ante los Comunes y aclarar su implicación en el escándalo de las escuchas ilegales del «News of the World».

El líder «tory» jamás trabajó para el ya desaparecido dominical, pero sus estrechas amistades con los directivos le han puesto en el punto de mira. Lo cierto es que todos los primeros ministros, sea cual sea su color político, han guardado una especial relación con el magnate australiano. Murdoch tiene poder, mucho poder, y sus cabeceras siempre han apostado a caballo ganador en las elecciones británicas.

A priori, por tanto, no extrañaría que Cameron se hubiera reunido con él tras los comicios para darle las gracias por su apoyo. El problema en esta ocasión han sido las circunstancias. Durante los 14 meses que el «premier» lleva en el Número 10 ha mantenido hasta 26 encuentros con Murdoch o sus allegados, una época especialmente decisiva para la empresa, ya que se negociaba la compra de la televisión de pago BSkyB.

El calendario resulta jugoso para sus críticos, pero el «tory» salió airoso ante las preguntas y alegó que «nunca mantuvo conversaciones poco apropiadas» sobre esta oferta. Recordó al plenario que todos sus antecesores, empezando por Thatcher y terminando por Blair, habían tenido contacto con el australiano, incluido Gordon Brown, que por aquel entonces tenía como mano derecha a Ed Miliband, convertido hoy en líder de los laboristas.

Su discurso fue como en sus mejores tiempos. Se disculpó por haber contratado a Andy Coulson como jefe de Prensa de Downing Street, pero lo hizo con la boca pequeña y con cierta sorna. «Tengo una forma un poco anticuada de ver la inocencia hasta que se demuestra la culpabilidad, pero si resulta que se me ha mentido, ése será un momento de profunda disculpa, y en ese caso os aseguro que no me quedaré corto», prometió. Miliband, que no supo sacar jugo a la sesión, se irritó profundamente e instó a Cameron a decir que la contratación del periodista –que trabajó durante cuatro años como director de «News of The World»– fue una decisión «catastrófica».

«Con la perspectiva actual, tal vez no le hubiera ofrecido el empleo y hubiera esperado que él no lo aceptara», señaló el «tory». «Pero las decisiones no se toman así, se toman en el momento presente. Uno vive y aprende y, creedme, he aprendido», apuntó, tras dejar claro que el periodista siempre le negó que estuviera al tanto de las técnicas ilegales en su redacción. De momento, Coulson, que dimitió de su cargo en enero, sigue en libertad condicional después de ser detenido el pasado día 8 por la Policía para prestar declaración.

El de Coulson no era el único frente abierto que tenía ayer el primer ministro. Con la dimisión el domingo del jefe de Scotland Yard, Paul Stephenson, salió a la luz que Neil Wallis, ex subdirector del polémico dominical, además de como asesor de la Policía habría trabajado también durante la campaña electoral de los conservadores el pasado año. Cameron negó que Wallis hubiera sido contratado por la formación o hubiera recibido cualquier tipo de pago y señaló que en todo caso habría podido dar consejos a título personal a su jefe de Prensa.

En definitiva, el líder «tory» salió más airoso de lo que se esperaba y prometió que iba a llegar hasta el final del asunto con la investigación parlamentaria. En doce meses se sabrán las conclusiones. Por otra parte, Cameron anunció que, tras la marcha del comisario jefe y el subcomisario de Scotland Yard, será un organismo independiente el que lleve a cabo la segunda pesquisa que se prometió para esclarecer el asunto.