Salvar la flota por Blanca Basiano

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Comparar a España con el Titanic, es tener más razón que un Santo. La usó ayer el líder de la patronal, Juan Rosell, aunque estaba equivocado en que «o nos salvamos todos o nos hundimos todos». Es cierto que la situación es de alerta roja, pero aún hay esperanza. Hasta la hubo en el Titanic. Porque, a diferencia del catastrófico presagio de Rosell, del barco se salvaron cerca de 700 afortunados. Y podían haber sido más de haber contado con más botes salvavidas y si, los que había, se hubiesen usado correctamente. Subiendo de uno en uno, en lugar de lanzarse como almas que lleva el diablo. Y eso, precisamente, es lo que toca ahora. No precipitarse y que el capitán tome las decisiones correctas. Rajoy ya está al rescate aunque, hasta dentro de un mes (esperemos que menos), no podrá subirse a bordo.

Con el barco haciendo aguas, el nuevo presidente y su tripulación intentarán taponar las fugas. Estos días ultima su plan de salvamento y perfila los nombres que le acompañarán en su empresa. Sabe que no puede permitirse errores. De ahí su ronda de contactos. Ayer, con Rodrigo Rato, que horas antes había compartido desayuno con Rosell y sus augurios de naufragio. Con el cruasán sin terminar, el ex vicepresidente de la era Aznar se marchó a Génova para hablar con el futuro presidente. Una visita que le ha colocado en el «top one» de las apuestas ministrables. Aunque él, tras el encuentro, se descartaba como vicepresidente económico. Lo cierto es que su fichaje sería clave para lanzar un mensaje de tranquilidad a los recelosos mercados. A Rato le conocen en medio mundo después de haber sido director gerente del FMI, cargo que dejó para regresar a España. Rajoy busca almirantes con experiencia que sepan estar a la altura para que el Titanic español salga a flote.