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Ana Rosa esquiva a la Prensa

Ni a las cuatro, ni a las cuatro y media, ni a las cinco, ni a las cinco y cuarto... Ana Rosa Quintana demostró ser una buena discípula de los personajes del corazón de los que comenta día sí y día también cómo consiguen zafarse de la Prensa. Ella casi lo logró.

Ana Rosa Quintana y uno de sus acompañantes en el interior de los juzgados de Plaza de Castilla
Ana Rosa Quintana y uno de sus acompañantes en el interior de los juzgados de Plaza de Castilla

Digamos que el encuentro entre la periodista y sus compañeros de profesión quedó en un empate técnico. No pudo ser interceptada por ningún objetivo en su entrada a los juzgados de Plaza de Castilla, pero sí a su salida, a las ocho y media de la tarde aproximadamente, cuando abandonó los juzgados en coche, indiferente ante los «flashes». Es una pena porque, al no entrar por la puerta principal se perdió una noticia de esas que dan lustre a los magacines matinales: una información de denuncia ciudadana. Como hay muchos mundos dentro de éste, su juicio coincidió con el de un grupo de personas que, a pesar de la lluvia y el viento, se congregaron a las puertas de los juzgados para protestar por las artimañas de unos empresarios inmobiliarios que les habían dejado sin vivienda. «Mira, protestamos y, de paso, vemos a Ana Rosa», comentaba una mujer a otra. Otros, más comprometidos con su causa gritaban: «Ana Rosa, la cosa está jodida». No lo decían por ella, claro está; lo decían por ellos, que más de uno estaba un pelín tenso, tanto que, cuando llegaron los colaboradores del «Programa de Ana Rosa», con un Nacho Abad –camuflado bajo un gorro y caminando apoyándose en muletas, como para conocerle a primera vista–, no dudaron en insultarles con todos los adjetivos descalificativos que existen en el diccionario y alguno más que se inventaron. Se ve que el sujeto insultador en cuestión no ve el programa, porque confundió a Abad y a sus compañeros con los empresarios especuladores y, menos «bonito», les dijeron de todo. Los colaboradores de la periodista, desde el puesto de control de los juzgados, les miraban perplejos.


Gestos de reprobación
También intercambiaron alguna que otra mirada de reprobación a los cámaras, fotógrafos y plumillas, con alcachofa o sin ella, como si ellos no hubiesen pasado por tal trance hace un cuarto de hora. Claro, que la juez Coro Cillán no estuvo más conciliadora. Al llegar y ver tantas cámaras hizo un gesto de cansancio –qué le vamos a hacer, la vida es así, si imputas a Ana Rosa Quintana uno, en su caso una, se convierte en noticia y carne de negritas, guste o no– y saludó con un «buenas tardes» áspero, como el esparto. Cillán estaba en su sitio. Nosotros también. Y Ana Rosa, ya que, según afirmaron fuentes cercanas a su productora, todo había ido según lo previsto y no cabe esperar ninguna sorpresa desagradable para la presentadora que se convirtió en noticia por un día.


800 euros por entrevista
La mujer de Santiago del Valle, Isabel García, también compareció ayer ante la juez. Durante su declaración afirmó que los periodistas de Telencinco que la entrevistaron el pasado mes de febrero estuvieron permanentemente detrás de ella durante varios días, sin dejarle hablar con nadie, y que le hicieron firmar un contrato. García –que padece una minusvalía psíquica– también aseguró que los mismos periodistas le ofrecieron entre 600 y 800 euros por intervenir en el programa de Ana Rosa, que finalmente no le llegaron a pagar, y que la llevaron a los juzgados engañada.