Todo es posible por Manuel Coma

La Razón
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El segundo debate presidencial de la noche del martes al miércoles, en formato «town-hall», es decir, es el público en que formula las preguntas y la moderadora sólo controla los tiempos y la alternancia en las respuestas, lo que restringe las posibilidades dialécticas de los enfrentados, no se espera que modifique el estado actual de la contienda. Obama ha estado mucho más vivo, agresivo e informado que en el primero y Romney ha mantenido el tipo. ¿Quién gana? Las encuestas lo dirán. No importan las apreciaciones de los comentaristas, ni siquiera las de los espectadores, sino cómo les afectan a sus intenciones de voto, pues la coincidencia no es perfecta. Puede parecerme que ganó el otro, pero yo sigo votando al mío. El papel del «comentariado» es cada vez más importante: el profesional y el de todo el enjambre de tuiteros que no paran de piar y ser seguidos a lo largo del evento. Es la fase llamada de «spin»: maquillaje o embellecimiento o, al revés, desacreditación del contrario. Su importancia consiste en la influencia que ejercen, que no es poca. Hay espectadores que conforman su percepción más por lo que les dicen que por lo que sus sentidos han visto y oído. Y la vista no tiene nada de despreciable: que si estaba más relajado o más tenso, que si puso caritas, que si invadió el espacio del otro. El análisis de imagen es pródigo y minucioso.
Ayer ninguno metió la pata, importantísimo negativamente, y ninguno tuvo el acierto de una puya brillante de las que hacen pasar el debate a la historia, no menos importante en positivo. Sin duda sus equipos los habrían provisto de varias, pero no encontraron la oportunidad de colocarlas. Es conocido que tres frasecitas de Reagan lo salvaron en la puja por sus dos mandatos en 1980 y 1984, mientras que Gerald Ford, que sustituyó a Nixon, perdió en 1976 contra Carter por un desafortunadísimo error factual. Obama se recupera después de su anterior pinchazo y Romney mantiene su arduamente conquistada imagen de «presidencialidad». Ahora todo puede jugarse en el último debate sobre política exterior. La cosa está tan empatada que no puede descartarse que Romney gane el voto popular por décimas, pero que Obama revalide su puesto en el Colegio Electoral. Sólo ha pasado tres veces en la historia de Estados Unidos.