Johannesburgo peligro por Julián Redondo

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Mi amigo Paco Zamora, guineano de origen, periodista, más negro que el betún, dice que los de color somos los blancos, y me remite al siguiente ejemplo: «¿Cómo se te pone el ojo después de un puñetazo? De varios colores, ¿no? Pues el arcoiris fracasa con nosotros. ¿Quién es de color?». De acuerdo, negro. Pues el pasado domingo, a eso de las diez de la noche, salimos del Ellis Park, el escenario de «Invictus», que no ha dejado rastro de Clint Eastwood, Morgan Freeman o Matt Damon; al pisar la calle, un po- licía nos rogó que entráramos hasta que llegara el transporte. Después, en el hotel, tres periodistas salieron a cenar a un restaurante que distaba cien metros. Paró un coche, con jóvenes negros, y a base de gritos, tales como si estáis locos, les convencieron para que cogieran un taxi. «Aquí te matan por nada». Johannesburgo tiene más peligro que una caja de bombas, pero me acuerdo de Serrat: «Tu reniegas en swajili y yo en catalán... / yo blanco y tú como el betún / y, fíjate,/ no sé si me gusta mas de ti/lo que te diferencia de mí/ o lo que tenemos en común». Malos y buenos, en todas partes.