Rajoy y Aznar empujan el cambio

El presidente del PP dice que a un mes de las elecciones «nadie puede permitirse el lujo de sentarse a descansar». Antonio Sanz contiene la euforia: «No hemos ganado nada»

Sevilla- A falta de ruido interno, las elecciones andaluzas del 25 de marzo empapan los comentarios de pasillo del XVII Congreso del PP y las intervenciones de los principales líderes del partido. Los populares acumulan ya más poder que ninguna otra formación en la historia democrática reciente, pero si dentro de 36 días Javier Arenas sale catapultado a San Telmo con una mayoría de gobierno –sólo vale el guarismo de los 55 diputados–, entonces este partido habrá dado el paso de gigante definitivo. No sólo por teñir definitivamente de azul el mapa nacional, sino por haber dinamitado también uno de los principales símbolos del Partido Socialista; un granero inexpugnable durante treinta años, en el que se han apoyado las victorias de Felipe González y de Rodríguez Zapatero.

Tanto el ex presidente José María Aznar, en su intervención de la mañana, como Mariano Rajoy, en su discurso de presentación de candidatura por la tarde, arrimaron el hombro con la causa andaluza. Ahora es la prioridad. Más escueto fue Aznar. Dirigiéndose a Arenas, con el que se fundió en un abrazo al acabar su intervención, señaló: «Don Manuel (Fraga) tuvo la inmensa satisfacción de ver a Mariano ganar las elecciones y ser investido presidente del Gobierno. Y le habría gustado mucho verte ganar las elecciones andaluzas dentro de unas semanas». «Hace unos meses, también aquí, en Málaga, dije que había llegado el tiempo de Mariano Rajoy. Ahora, en Sevilla, digo que ha llegado el tiempo de Javier Arenas. Esta es mi confianza y mi deseo. Una confianza que está cargada de razones».

Las elecciones andaluzas marcaron el principio de la alocución de Rajoy. «En Sevilla tenemos puestos los ojos, en las elecciones del 25 de marzo», aseguró tras mostrar su confianza en que el proyecto que lidera Javier Arenas saldrá victorioso para que «Andalucía rompa el lastre y se ponga donde tiene que estar, que es a la cabeza de España».

«Confieso, sin pudor, que estoy sintiendo la alegría del triunfo». Y, si llega –acotó– «será extraordinario para toda Andalucía y España». «Nadie puede permitirse el lujo de sentarse a descansar». Todo el partido –«y yo el primero», deslizó– empujará para que el PP gane las próximas elecciones autonómicas.

Se palpa la euforia en el Palacio de Exposiciones y Congresos hispalense, cuartel general del partido en este cónclave que acaba hoy con la intervención de Javier Arenas, que seguirá en el puente de mando de la Ejecutiva. Pero también son conscientes de que pueden ser mortíferos los vapores de la victoria. El secretario general del PP-A, Antonio Sanz, tocó a rebato. Quiere prudencia. «El peor enemigo es creer que todo está ganado. No hemos ganado nada. Hay que seguir pueblo a pueblo, en la carretera».

Sanz aprovechó para punzar en los puntos débiles del contrario, que son casi todos: la desunión –«nuestro único debate son las soluciones y las propuestas, frente al congreso de los cristales rotos de los otros–, la corrupción –recordó las siete investigaciones actuales, la trama de los ERE, el fraude de las partidas de empleo de la Bahía de Cádiz, la cocaína, las juergas, el paro –1,2 millones de desempleados–». «Andalucía no es esto, no nos merecemos esto», enfatizó.


Sólo falta que corra la ola por el graderío
Más que un congreso, el cónclave popular tiene aires de convención, donde la militancia asiste en tono festivo a una suerte de excursión de fin de semana. Los debates de ideas se suplen con la proteína del almuerzo, visitas a la ciudad y las codiciadas salidas nocturnas. El chascarrillo de este congreso es preguntar dónde está el sector crítico del PP o quién anda por los pasillos pidiendo pelea. Algún cargo popular –con galones a nivel regional– ve incluso «demasiada tranquilidad», ausencia de autocrítica. Sólo falta que corra la ola por el graderío.