15-M: ahora a la Cañada

Hoy es un día señalado en el calendario de Abdul. Si nadie lo impide, su casa, situada en la Cañada Real, en el término municipal de Madrid, será derribada, una vez más. Hace tres años, su primer hogar fue derruido y perdieron 8 años de sus vidas entre los escombros.

Los «indignados» instalaron ayer por la tarde su campamento en la Cañada Real para impedir un derribo y aseguran que permanecerán allí hasta que sea necesario
Los «indignados» instalaron ayer por la tarde su campamento en la Cañada Real para impedir un derribo y aseguran que permanecerán allí hasta que sea necesario

«Me llevaré a los niños y a mi mujer fuera de la Cañada mientras derriban mi casa, porque no quiero que mis hijos lo vean», dijo el joven marroquí. Sin embargo, esta vez su destino puede dar un giro. La acampada itinerante del movimiento 15-M que se instaló en Rivas el pasado lunes, ahora tiene como finalidad evitar los desahucios y en el caso de la Cañada Real Galiana, los derribos que a menudo se llevan a cabo en la zona. Veinte tiendas de campaña permanecen en la plaza del Ayuntamiento del municipio y allí se quedarán durante los próximos 15 días. La acampada de Rivas se ha basado en el modelo de Sol, aunque «nosotros no generamos ideas. Pasamos a la acción», confirmó un «indignado» canario.

El joven admitió que han conseguido paralizar dos derribos en Valdemingómez, pero no siempre salen victoriosos. «Hemos perdido dos porque no éramos mucha gente», explicó. Enfrente de la casa de Abdul, la Asamblea Popular de Rivas montó tres toldos o jaimas, para evitar los rayos del sol durante la tarde. Pasarán la noche y se quedarán hasta que puedan. «Llegará un momento en el que no podamos evitarlo, pero hasta entonces nos quedaremos», afirmó B.A.T. No obstante, los «indignados» no son los primeros que se oponen a los derribos de la Cañada, pero se han sumado a la causa con los mismos métodos que les acompañan habitualmente. Abdul participó en el movimiento 15-M cuando mantenían el campamento en la Puerta del Sol. Tenía un puesto, donde recogieron firmas en contra de los derribos y ahora se ha llevado el campamento hasta la puerta de su casa.