El Prado tiene presidente por unanimidad

Pérez-Llorca, nombrado ayer al frente del Patronato del Museo en lugar de Arango

De izda. a dcha., Pérez Llorca, Zugaza y Wert, ayer, al término de su comparecencia ante la Prensa
De izda. a dcha., Pérez Llorca, Zugaza y Wert, ayer, al término de su comparecencia ante la Prensa

Son tiempos de lo más peliagudo para dirigir una institución cultural en España. En realidad, para cualquiera que se atreva a asumir un cargo público y no quiera salir escaldado. El año que viene, la asignación presupuestaria para el Museo del Prado es un 14 por ciento menor que la del año que acaba: 38,4 millones de euros. Bajo este signo de los tiempos, el Museo ya tiene nuevo presidente de su Patronato. José Pedro Pérez-Llorca fue elegido ayer por unanimidad en la reunión del organismo, toda vez que el mandato de su predecesor en el cargo, Plácido Arango, había «caducado» y éste comunicó su intención de no continuar.

El hombre «idóneo»
Así que las dudas estaban en el aire, y eran razonables. ¿Debía ser el nuevo presidente un hombre «de arte» o un gestor cultural con perfil más técnico? A pesar de las quinielas y las opiniones, el asunto quedó ayer zanjado por consenso. El ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, mostró su satisfacción por el resultado unánime de la votación y por el hecho de que todas las intervenciones en la reunión hubiesen destacado «la idoneidad» de Pérez Llorca para el cargo. El ministro destacó también el espíritu de consenso «que se expresa en el pacto parlamentario y en el funcionamiento de esta gran institución cultural a lo largo de los años». El recién nombrado deberá continuar con la «espectacular transformación que ha experimentado El Prado bajo el mandato de Plácido Arango y la dirección de Miguel Zugaza», presente ayer en la comparecencia ante los medios.

Por su parte, Pérez Llorca fue efectivo a la hora de desactivar las preguntas de los medios sobre su experiencia en el mundo artístico. «He estado en más de un Patronato de otras instituciones, aunque no hayan sido museos», dijo. «Entenderán que empiezo un periodo de inmersión en el Museo del Prado, y que, cuando satisfaga mis curiosidades, satisfaré las suyas», comentó. Al respecto de su relación con la pinacoteca, añadió que la ha visitado «unas 800 veces, desde que fuera con mi madre por primera vez, cuando tenía 9 años. De modo que, interés y amor por El Prado, todo», afirmó.

El nombramiento de Pérez Llorca viene avalado, además de por el ministro Wert, por el secretario de Estado de Cultura, José María Lasalle, y por el propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. «Es un altísimo honor que no se puede conseguir sin responsabilidad. Trataré de desempeñar esta tarea de la mejor manera que sé, sin regatear esfuerzos, sin buscar el protagonismo y pidiendo la ayuda del Patronato y del director», señaló el recién nombrado. Tampoco quiso Pérez-Llorca anticipar en su presentación las líneas estratégicas de su mandato, ni sus prioridades. Aunque dijo tener «muchas ideas», aclaró que primero las compartirá con el Patronato y el director de El Prado, «antes de poder contestar de manera institucional».

 

Padre de la constitución
Pérez-Llorca (Cádiz, 1940) estudió Derecho y accedió a las Cortes como abogado en 1968. Fue profesor en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense. En 1977 fue elegido diputado de Unión de Centro Democrático (UCD) y después, ministro de la Presidencia y de Administración Territorial en el Gobierno de Adolfo Suárez. En enero de 1980 asumió la cartera de Relaciones con las Cortes. Fue ministro de Asuntos Exteriores entre 1980 y 1982, año en el que abandonó la política para volver a dedicarse a la abogacía. Pero su mayor contribución al país, y por la que ha sido reconocido doctor honoris causa por tres universidades, es su labor como uno de los siete ponentes de la Constitución española de 1978.
 

El reto: hacia la autofinanciación
El horizonte es claro. Es la tendencia predominante para la gestión de las instituciones culturales, la filosofía de una esperada (que se hace esperar) ley de mecenazgo, y la directriz explícita del departamento que preside José Ignacio Wert: las instituciones culturales deben buscar su propia financiación y depender menos de la asignación presupuestaria. No es imposible. El Prado lo ha hecho en el año todavía en curso. Según Wert, la institución «ha sido ejemplar a la hora de incrementar el número de visitantes, la cantidad y calidad de las exposiciones, y mejorar la capacidad de captar recursos». Ver en España un patrocinador en un museo, como pasa frecuentemente en Estados Unidos, ya no produce rechazo, y será el camino a seguir por museos y centros de arte de toda España. Es el modelo sostenible y las regulaciones tanto del Prado como del Reina Sofía, lo permiten. Incluso en Francia, el país más proteccionista tradicionalmente. El Museo del Louvre, por ejemplo verá recortada su asignación apenas un 2,5% y, aún así, manejará un presupuesto de 210 millones, de los que el Estado aporta el 50 por ciento.