María Lavalle: «Es el momento de poner más pasión y más ganas»

María Lavalle: «Es el momento de poner más pasión y más ganas»

María Lavalle es una mujer impenetrable. En su pálido rostro, sus ojos, de confuso mercurio, brillan mientras escrutan a su interlocutor. Vive en la distancia de su música y ni su sonrisa, que transforma su cara por completo al despojarla de su dureza y volverla más dulce, permite un acercamiento sencillo. Tal vez es tímida. O quizá no. Imposible saber si su actitud proviene de la inseguridad o del análisis. Ella es tan misteriosa que es mejor cerrar los ojos, escuchar su voz y descubrir en ella su amor por los tangos y los fados o por George Brassens, al que también canta en su gira por España tras haber grabado su quinto disco en homenaje al extraordinario cantautor.
 -Su Brassens es bien distinto. «Mala reputación» tiene hasta guitarra portuguesa, ¿no?
 -Sí, «La mala reputación» es la canción más versionada de Brassens. Ahora creo que va a hacer una Carla Bruni y son innumerables los que la han cantado. Sin embargo, yo lo hago de una manera distinta, con arreglos de milongas, de jazz y de tango. Y mi «Mala reputación» tiene, efectivamente, una guitarra portuguesa.
-De nuevo sobre los escenarios. ¿Cantar es una necesidad o un placer?
-Ambas cosas. Es personal y profesional.
 -¿Y para toda la vida? ¿o tiene fecha de caducidad?
-La gente inteligente sabe que no hay casi nada para toda la vida.
-Lo que es para siempre es la música o, al menos, alguna música. Como esos tangos y esos fados que va usted a cantar en el Teatro Rojas de Toledo el 20 de octubre y el 27 en Villaviciosa de Odón (Madrid). Música muy triste, por cierto.
-No todos los tangos y los fados son tristes. Yo canto un montón muy alegres. Lo que pasa es que el tópico es que se llora mucho con ellos. De hecho, hay tangos que me hacen reír tanto que me equivoco con la letra… Son muy satíricos y muy divertidos.
-¿Y los puristas, los adoradores de Carlos Gardel, no le ponen peros a que cante tangos?
-Mi padre era gardeliano puro y por su influencia me tengo que pelear con la gente que me dirige para que entiendan que las mujeres tenemos un hueco en esto y que no sólo está Carlos Gardel. Yo tengo especial amor por las mujeres en el tango. De hecho, hay una que se llamaba Mercedes Simone que ha sido mi diosa particular.
-¿Y en el fado y la canción francesa quiénes son sus referentes?
-En el fado no se puede dejar de hablar de Amália Rodrigues: El fado es Amalia. Y después en la canción francesa tengo un montón de influencia de Piaf y Moustaki, pero el que más me ha marcado, sin ninguna duda, es Brassens.
-Un genio de todos los tiempos que ahora mismo no conocen muchos jóvenes españoles, ¿no?
-Por eso precisamente suelo regalar entradas de mis conciertos a los estudiantes de Literatura y Filología, porque sé que si les gusta la literatura y la poesía le gustarán los géneros por los que yo transito. Hago lo posible para que los jóvenes conozcan a gente como Brassens o Zitarrosa, que forman parte de mi repertorio. Los que han cumplido los 40 sí los conocen, pero los de 20, muchas veces no.
-Eso no pasa en otros países...
-Bueno, en Francia los niños estudian a Brassens en los colegios. Aquí no.
-Pues tal y como está la cultura, es posible que se acaben por perder grandes tesoros. ¿Es un momento difícil?
-Desde luego, pero no hay que perder la esperanza. Aunque hay gente que lo está pasando muy mal. Y, claro, la cultura es fundamental, por supuesto, pero también hay que pensar que hay gente en este momento que no tiene qué comer o con qué comprar una medicina. Vienen unos años muy difíciles, aunque pienso que no hay que perder nunca el ánimo ni el amor por la vida y las ganas de luchar. Si hay gente que ha pasado una guerra nosotros podremos pasar una crisis económica.
-¿Incluso aunque el IVA haya subido al 21 por ciento? Hay actores de teatro que asumen la subida en sus sueldos para que las entradas no cuesten tanto.
-Ahora todo el mundo gana menos, ya se sabe. Y a mí me parece bien. Yo soy una ferviente defensora de que las entradas no sean caras para que pueda venir la gente y hay que ser conscientes de que son tiempos difíciles y, por lo tanto, se debe poner todavía más pasión, más amor y más ganas de cantar con el deseo de que la gente disfrute.
-Están bien las iniciativas de regalar entradas no sólo a los jóvenes, sino también a los parados. Usted lo hace.
-Pues sí, por razones evidentes. Los parados no tienen mucho acceso a la cultura.
-De todas maneras sé de muy buena tinta que usted no es de las que se queda con una entrada en la mano.
-Si tengo una entrada de sobra por supuesto que la regalo. Como hice en un concierto de música clásica de Yo-Yo Ma, a un estudiante del conservatorio de El Escorial y que nunca había estado en la sala de conciertos a la que fuimos. Se quedó muy contento con la experiencia.
-¿Su manera de ser, de vivir y de cantar tiene mucho que ver con ser ciudadana del mundo? Porque es argentina, vive en España, ha vivido además en Amsterdam, Lisboa, París y Atenas, y pasa bastante tiempo en el norte de Portugal. ¿De dónde se siente?
-Me siento de la gente a la que quiero y de los sitios donde he vivido. A mí el concepto de patriotismo exacerbado no me va. Soy la típica hija de diplomático en ese sentido. Es decir, desde pequeñita te han movido, y por supuesto que adoro mi país, pero estoy bien donde sea, siempre que esté con la gente que quiero y haciendo lo que quiero. A España llegué la primera vez con 12 años, después me fui, volví…O sea, que ha sido una cosa intermitente hasta ahora, que estoy 8 meses al año en España.
-¿Qué cantantes españoles le gustan?
-Muchos. En mi primer disco, que hice aquí, están conmigo Luis Eduardo Aute y Amancio Prada, dos personas que admiro muchísimo.
-Y según dice uno de los más bellos fados, «María la portuguesa», lo ha hecho un español, ¿no?
-Claro, Carlos Cano.
-Habla de nombres míticos. ¿Cree que de esos concursos musicales televisivos también saldrá alguno?
-Observo todo ese fenómeno de los concursos con respeto y simpatía, y aunque no ha sido en absoluto mi manera de ir por el mundo de la música, me parece perfecto que lo hagan. Y hay muchos de los que participan que cantan muy bien. Lo que pasa es que no se trata solamente de cantar bien. Creo que es una cuestión también de lo que transmitas. Hay personas que tal vez no cantan tan bien y, sin embargo, conmueven por lo que dicen y cómo lo dicen. O sea, que no es sólo cantar bien o ser mona y tener una voz muy bonita, sino algo más profundo.
-De hecho, a usted no le gustan los cantantes que hacen demasiado «ruido», ¿no?
-Creo que al final el público es el que manda. Y si un artista tiene éxito, pues bendito sea, pero yo tengo mi altar personal y no me gusta la gente que grita, me gusta la gente sobria. Eso que los italianos llaman «ublatore» no me gusta nada. A mí me atrae más lo sutil. Pero respeto los gustos y los éxitos ajenos.

Personal e intransferible
María Lavalle es cantante y autora y cree en el compromiso: «Hay artistas que sólo quieren distraer a la gente. Otros queremos decir cosas con más calado». Nunca confiesa su edad ni su peso, ni cuenta los libros que tiene (que son miles), pero sí su devoción por Borges, Baudelaire y Ángel González, su amor por su perro Contino, que lleva el nombre de su vino preferido, o su entusiasmo por el champán. ¿Y los hijos? «Es una opción, pero se puede ser muy feliz sin tenerlos. Yo tengo a mis hijos, no los he traído a este mundo pero los he elegido muy bien. Desarrollo mi instinto maternal con personas con las que hago de madre» ¿Esas que conocen sus manías? «Esas que saben que antes de salir al escenario me prendo un poquito de Oporto para calentarme la voz y darme alegría y que soy enormemente impaciente».