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Historiador

Luis Suárez: «Las crisis económicas no se vencen si no hay un reajuste moral»

Con dos libros, «En los orígenes de España» y «Franco y la Iglesia», el autor, que aboga por el diálogo y la ética, reflexiona sobre dos instantes clave de nuestro pasado.

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Tiempo de lectura 8 min.

21 de abril de 2011. 22:38h

Comentada
22/4/2011

Luis Suárez rehúye las preguntas políticas, las que aventan odios y encizañan los debates; las que dan pie al rencor y favorecen el enfrentamiento. Escribe para explicar la historia, «que buena falta hace en ocasiones», asegura con una voz teñida de paciencia y algo de  resignación. Aborda nuestro pasado desde dos libros diferentes, casi opuestos. Uno que remonta la historia hasta las postrimerías de la Edad Media, cuando el mundo abandonaba aquellos siglos de oscuridad y comenzaba a abrirse a ese credo nuevo y reciente que era el humanismo del Renacimiento: «En los orígenes de España. Mitos y realidades» (Ariel). El otro navega por aguas más próximas y recientes, pero no menos procelosas, difíciles y controvertidas: «Franco y la Iglesia» (Homolegens). Pero todavía en su ánimo existe una fuerte convicción: favorecer la reconciliación, el diálogo, apartarse de las políticas de rivalidad y defender una moral nueva, constructiva, que ayude a las personas a remontar la complicada coyuntura actual.

-No sólo los mercados financieros están en crisis. Las humanidades, también...
-Estamos atravesando una de las grandes depresiones económicas y las crisis de este calado no se vencen si no vienen acompañadas de un reajuste moral. La ética es lo importante. Mientras no cambie eso... Hay que aprender que la economía es un medio para servir al hombre. Tenemos que remediar el paro, la corrupción. Solamente con medidas económicas no bastará.

-¿Y qué hacer?
-Debemos esforzarnos en reconstruir un nuevo orden moral, acabar con los odios y las rivalidades políticas que existen. Y no sólo en España. Todos los partidos políticos, aunque piensen de una manera diferente, tienen que dialogar entre ellos. Y en este ambiente concreto, por supuesto, las humanidades están relegadas al último rincón. Únicamente se dedica tiempo a la tecnología y a la economía. Ni siquiera a los conocimientos de las ciencias.

-Me asegura que siempre nos fijamos en los aspectos negativos de nuestra historia, esa leyenda negra que todavía sigue viva, y no en los positivos.
-Es lo más importante, claro. Nos olvidamos que España creó una forma de Estado que era una monarquía que se acomodaba a los regímenes políticos de cada tiempo, que garantizaba las leyes y libertades de los reinos. España no creó colonias en América, sino reinos. Por eso, el nuevo continente es una suma de estados posteriormente.

-¿Qué más podría resaltar?
-Que España fue el primer país en reconocer los derechos de gentes. Se llama precisamente así porque contempla también a las personas que no son cristianas. Es una de las aportaciones que sale de la Escuela de Salamanca. El humanismo español tiene la conciencia de que el ser humano no sólo es un individuo, también es una persona. Eso se valora ahora mucho.

-En otro de los libros que publica, y que llegan ahora a las librerías, estudia la relación que la Iglesia mantuvo con Franco. Argumenta que la Iglesia siempre aceptó la República.
-A pesar de mayo del año 1931, con los primeros incendios de las iglesias, la jerarquía eclesiástica reconoció a la II República y aspiró a llegar a ciertos acuerdos con ella. Es a partir de la revolución de 1934 cuando se produce un momento de inflexión.

-Explíqueme qué pasó.
-La II República se convirtió en un régimen antirreligioso, anticonfesional y llevaron las cosas hasta el extremo.

-¿Por qué? Había creyentes también en las filas de la izquierda.
-Las ideologías siempre han sido el gran problema de todos los tiempos. Mire, en algunos países, todavía se persiguen a los cristianos sólo por ser cristianos, porque se supone que son malísimos. Durante la Guerra Civil se dictó una ley que señalaba que decir misa era un delito. Los esfuerzos de algunos republicanos para llegar a un acuerdo fracasaron. Ahí están las terribles persecuciones que se produjeron luego. La ideología obligaba a tomar unas decisiones precisas. Y las personas tenían que seguir la norma que marcaba el partido.

-¿Cómo fue la relación entre la Iglesia y el  franquismos?
-La Iglesia, sobre todo, aspiraba a conservar su independencia. Sabía que con el paso del tiempo, el régimen de Franco debía cambiar. Ese autoritarismo sólo debía servir para recuperar un orden. Después era necesario que se acomodara al resto del mundo. Por eso, quería compromisos diplomáticos que le garantizara la independencia y la libertad durante la Transición.

-¿No le inquietó a Roma y al clero español el regreso a una democracia de partidos políticos con el precedente que existía de la II Repúbica Española?
-No, nunca le preocupó el sistema que la sociedad eligiera para poder gobernarse, sino que, después, se conservaran los valores cristianos. Sobre todo, lo que no quería es que se repitiera esa situación de desorden interno del pasado. A la Iglesia, de hecho, con anterioridad a ese momento, le preocupó que España siguiera el ejemplo de Alemania o de Italia. Trabaja para impedirlo. Y lo logra. Los totalitarismos no se imponen aquí. De hecho, España siguió siendo una nación confesional.

-En general, ¿Cómo se desarrolló esa relación entre la España de Franco y la Iglesia?
-No fueron malas las relaciones. Hubo tensiones, pero en general fueron cordiales. Pero lo que está muy claro es que la Iglesia no quería regresar a esa unión anterior entre altar y trono, porque sería reducir la libertad de El Vaticano. Por eso se firma el Concordato del año 1953, tan diferente al de 1851, y que le reportaba a la Iglesia una mayor independencia.


El eco de la leyenda negra
Luis Suárez remarca lo positivo, nunca lo negativo. A pesar de que la historia de España está marcada por  la sombra alargada de esa leyenda negra que, por mucho que se desmienta y se escriba, es tan difícil que desaparezca de nuestras conciencias. «No sé por qué, pero a veces nosotros mismos la hemos fomentado». De ahí provienen dos mitos exagerados. Uno es el de la Inquisición. «Ya se había producido en toda Europa», afirma Luis Suárez.  O la expulsión de los judíos, que convirtió sólo a España en símbolo de  nación intolerante, salvándose el resto de Europa de algo que también habían llevado a cabo, sin que estuviera bien en ninguno de los casos, por supuesto. «La expulsión en España es, en realidad, el término final de una expulsión que ya se había producido en toda Europa –explica Luis Suárez– El problema es que nadie se pregunta por el  por qué de esa salida. En aquellos siglos existía un espíritu de violencia que se extendía por Alemania, y también por España, y que acabó en brotes de grandes dimensiones con ellos. Para nosotros, hoy, está claro, es algo inconcebible, pero para los gobernantes de aquella época no lo era.  Lo que decían es que, para evitar esas masacres, se convirtieran o se marcharan. Hoy hablamos de expulsión, pero lo que se prohibió en realidad no fue a los judíos, sino a la religión judía. Si se bautizaban, podían quedarse. Desde luego era una solución errónea, sobre todo para los hombres que vivimos hoy en día. Pero lo que ellos intentaban era acabar de una vez con aquellas matanzas  que se llevaban a cabo».


El detalle
DOS LIBROS, DOS ÉPOCAS

Con el libro «En los orígenes de España. Mitos y realidades», Luis Suárez, miembro de la Real Academia de Historia, se adentra en los mitos de la fundación de España. Intenta, a través de este volumen, aclarar el nacimiento y las bases de nuestro país más allá de algunas de las leyendas que pueden deformar la realidad. Abarca el papel que jugaron algunos factores determinantes, desde la revolución de los Trastámara al reino nazarí de Granada, la Santa Inquisición o el Renacimiento del siglo XV. En «Franco y la Iglesia» toca un tema que resultará polémico para muchos. Lo importante de este libro, como explica el autor, es el caudal de documentación que aporta y que pone de relieve algunos puntos muy reveladores que describen muy bien cómo fue esa relación entre poder civil y religioso.


«Franco y la iglesia»
Luis Suárez
HomoLegens
974 páginas 30 euros

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