Más pendientes de la «Champions» que del conflicto

Gibraltar- Mientras las autoridades policiales se mostraban ayer sumamente satisfechas por la actuación de la Marina Real Británica, los gibraltareños evidenciaban que el conflicto entre España y Reino Unido por el bloqueo pesquero en la milla y media de la discordia está muy abajo en la escala de sus preocupaciones diarias.

Y es que, pese a que las autoridades policiales de Gibraltar trataron de agravar el conflicto alertando a los propietarios de embarcaciones del Peñón de que no se acercaran a los pesqueros españoles ante posibles incidentes, los «llanitos» disfrutaron con total normalidad de un típico día británico, en el que no faltó ni la lluvia.

Más preocupados de los fastos por los 60 años de reinado de Isabel II o por la final de la Champions entre el Chelsea y el Bayern de Múnich, el conflicto azuzado por la colonia no ha calado en la opinión pública del Peñón.

Es más, lo cierto es que la gran mayoría de los gibraltareños ignoraron por completo tales exageraciones. Prueba de ello es que disfrutaron de forma masiva de una exposición de coches antiguos por las calles de sus ciudad, pero también de las habituales compras por la zona comercial del Peñón. Casi todos, a excepción de un británico muy preocupado por la supervivencia de los delfines, que portaba un cartel que rezaba: «No a la pesca con red en aguas de Gibraltar». «A nosotros nos da igual la polémica con los pescadores», explicaba un ciudadano de la colonia con un importante acento andaluz. Es más, «preferiría que les dejaran pescar porque si no, nos cierran la frontera», lamentaba.

Y eso que los pescadores no han sido los únicos afectados por el rebrote del conflicto en Gibraltar. Tanto los británicos que querían salir ayer del Peñón en los últimos días como los españoles que deseaban cruzar la frontera, sufrieron la presión impuesta por el Gobierno de Rajoy en la verja, en aplicación del tratado Schengen, que incluye a España y no a Gran Bretaña. ¿Las consecuencias? Colas kilométricas de vehículos que llegaron a tardar hasta tres horas en traspasar el paso fronterizo, hasta el punto de que más de uno llegó a pensar que estuviera en la mismísima Gran Vía de Madrid. Pitidos de coche y algún que otro grito lanzado al aire en medio del atasco era la banda sonora fronteriza.