En busca del ADN

Una mujer y su hija se abrazan a la salida del centro cívico Frederic Montpou de Castelldefels, donde acudían los familiares de las víctimas
Una mujer y su hija se abrazan a la salida del centro cívico Frederic Montpou de Castelldefels, donde acudían los familiares de las víctimas

CASTELLDEFELS- A diferencia de una mañana cualquiera en la que el centro cívico Frederic Montpou de Castelldefels se llena de jubilados en busca de diversión, música y baile, ayer el recinto se llenó de dolor, consternación y rabia. Un sinfín de padres desorientados en busca del paradero de sus hijos, que habían viajado en tren hasta Castelldefels para festejar en la playa la verbena de San Juan, llegaban desesperados en busca de información y consuelo. «Como no está en el listado de heridos, nos tememos lo peor», decía entre sollozos Richard Oliva, cuñado de la desaparecida Rosa María Vivar, de 19 años. Con el rostro desencajado y sin poder contener las lágrimas, Oliva, también padre de una de las heridas, se subía a su coche y rompía a llorar. «Mi hija está en Bellvitge, le han operado de una pierna», relataba el hombre de origen ecuatoriano mientras limpiaba sus gafas de sol empañadas de lágrimas. «Ojalá obliguen a investigar este crimen para que no ocurran más», exigía indignado con la voz rota del dolor. «No es justo, tendría que haber habido las medidas adecuadas», denunciaba Fernanda Samariego, tía de Diego Fernández, antes de romper a llorar desconsolada abrazada a su hija. «Nos hemos enterado por la televisión y hemos venido corriendo. No sabemos nada de mi sobrino. Su móvil está ahí dentro...», decía el tío de Jeanson García, de 19 años. Más tarde llegaba otra familia que luego salía aliviada. «Damos gracias a Dios que nos han dado un gran susto, mi hijo estaba sin batería, pero ya le hemos localizado», decía una madre emocionada. Dentro del centro cívico, unos 50 familiares y amigos eran atendidos por una docena de psicólogos del Ayuntamiento. «El proceso será largo, duro y complejo», decía el coordinador de psicólogos, Andrés Cuantero. Y es que la tarea identificación de los cadáveres es complicada, teniendo en cuenta el estado de los cuerpos y la cantidad de trozos humanos. La espera de las familias puede alargarse incluso varios días. Es necesario localizar a los familiares para cotejar las muestras de ADN. Y todo indica que entre los fallecidos hay personas extranjeras. Además dos expertos deben verificar las identificaciones. «No queremos prolongar el sufrimiento, pero tenemos la responsabilidad de identificar de manera correcta a cada una de las víctimas», señaló la consejera de Justicia catalana, Montserrat Tura.