Las mafias de la inmigración habían perdido su negocio

Es un hecho contrastado, aunque poco publicitado, que la sublevación en el este de Libia, en especial en la ciudad de Bengasi, la actual capital rebelde, perdió su carácter pacífico tras las primeras manifestaciones de protesta por la detención del abogado Abdul Hafiz Ghoa, que representaba a las víctimas de la gran represión gadafista de 1996.

La Razón
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Tras analizar cronológicamente los acontecimientos, la comisión investigadora francesa concluye que las mafias que dominaban el tráfico de inmigrantes tuvieron un papel primordial en la lucha.
El informe especifica que, «desde el 15 de febrero, islamistas y criminales de derecho común se aprovecharon de la situación para atacar las prisiones donde estaban encerrados sus camaradas. Tras la liberación, la rebelión se centró en los puestos de Policía y en los centros oficiales –que fueron incendiados– y los vecinos de la villa se despertaron con la visión de los cadáveres de los agentes colgando de los puentes».

Tras una primera resistencia, en la que los policías y algunos miembros de la milicia tiraron a matar sobre la multitud, y abandonados por sus jefes, los agentes se rindieron. Para explicar el contexto, los autores del informe recuerdan que Bengasi, además de su papel como cuna del integrismo religioso, se había convertido en el transcurso de los últimos quince años en «el epicentro de la inmigración subsahariana hacia Europa. Ese tráfico humano generaba cientos de millones de euros». Un mundo paralelo que empleaba a miles de personas con sus secuelas de corrupción y violencia.

El acuerdo con Italia de 2009 puso fin al negocio y trajo la encarcelación de un buen número de sus capos. No es de extrañar que la financiación de la revuelta en los primeros días procediera de ese mundo. «Centenares de inmigrantes sudaneses, somalíes, etíopes y eritreos fueron asaltados o asesinados por las milicias rebeldes. Este hecho ha sido cuidadosamente ocultado por los medios internacionales», concluye el informe.