Aquella «fracasada»

La Razón
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Con la profunda visión que le caracteriza, Rodríguez Zapatero llamó a Merkel «fracasada» en aquellos tiempos en los que a nuestro líder nacional le sobraba el optimismo y le faltaba un poco de medida. Estaba de moda entonces entre la progresía española decir que la dirigente germana carecía de carisma y que su aspecto de esposa doliente era impropio de quien aspiraba a ser la presidenta del país más importante de Europa. Comparado con ella, su predecesor Gerhard Schröder parecía un glorioso Bonaparte, tan sonriente y altivo como nefasto en la gestión. El problema de aquel socialdemócrata es que dejó hundido a su país, a la sazón incluso por debajo de la España de Aznar en crecimiento. Es lo que tienen a veces los dirigentes carismáticos. Mucha facha y mucha pose pero escasa profundidad. Se les queda la fuerza en las palabras, con el inconveniente añadido de que en determinadas ocasiones dicen cosas que sería mejor no haber pronunciado jamás. No ya sólo por llamar «fracasada» a quien hoy es en realidad su jefa y vigilante, sino por haber asegurado con universal desparpajo en foro público que «vamos a superar a Alemania y a Italia en renta per cápita de aquí a dos o tres años». Claro que también íbamos a crear dos millones de empleos, uno de ellos sólo para mujeres. Atrevimientos propios del exceso de juventud.