El helador de sangre por Martín Prieto

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Fue profética la madre de los Pagazaurtundúa al suponer que Patxi López diría y haría cosas que nos helarían la sangre. El lendakari vasco, un funcionario del socialismo vasco de quién se desconocen otras aptitudes que la de la conspiración interna, ha entrado en agitación permanente desde que ETA ha anunciado su creencia en el quinto mandamiento de la Ley de Dios.

Ha llorado desconsoladamente, ha enunciado una nueva era para España, ha recibido a los hombres de Bildu como a los palafraneros de la paz perpetua de Kant y ha reconocido a Zapatero poco menos que como hijo ungénito de Aitor y Amaya. Ahora en un triple salto mortal que nadie le ha pedido condena los excesos policiales sobre los asesinos en cuadrilla que nos han acongojado durante cincuenta años.

Tiene razón López: los hubo, y algunos horribles, y prácticamente todos de inspiración socialista, cuando el hoy lendakari andaba por la cercanía de tan atroces sucesos. Hubo un tiempo en que los socialistas se volvieron locos y, desde el Gobierno, acabaron metiendo a la gente en cal viva.

Aunque sólo fuera políticamente Patxi López debería condenarse a si mismo, y lo hará si le conviene porque éste helador de la sangre lo viene dando todo a una paz zarrapastrosa con ETA desde que traicionó a Nicolás Redondo por orden de Rodríguez Zapatero.

Le corresponde lo que dijo Borges de la represión militar argentina: «Se están comiendo a los caníbales». Quienes continúan la negociación con ETA, desoyendo el sufrimiento de las víctimas del terror, le piden perdón a los terroristas por los crímenes que ellos mismos cometieron en las cloacas del Estado. Helador.