Franco en el ARCO del triunfo

Apenas dos días después de inaugurar, la feria mantiene el tipo con optimismo, ventas y hasta con polémica: la Fundación Francisco Franco demandará a Eugenio Merino por su escultura

Sin moqueta que recaliente el pie se camina mejor por ARCO. La feria registraba ayer una buena entrada y los puntos de color naranja comenzaban a brotar en las paredes de las galerías como si fueran setas. Los galeristas están animados y el optimismo es la tónica, aunque, como ellos mismos se encargan de repetir, hasta el último día no se tendrá un balance de las ventas porque hay muchos tratos que se cierran minutos antes de echar el cerrojo. El día antes de que se inaugurase, la galería ADN de Barcelona era un ir y venir. Todos querían ver y fotografiarse con la escultura de Franco encapsulado en una máquina de expender refrescos. La pena es que faltaba un enchufe para que se iluminara por dentro. Cuando Eugenio Merino llegó, se hizo la luz. Las entrevistas se sucedían una tras otra, mientras el artista, un habitual de ARCO, explicaba el sentido de la pieza. El mismo que tenía ayer, cuando la Fundación Francisco Franco decidió interponer una demanda contra el artista. «La obra es una metáfora con la que intento explicar que en la mente de los españoles sigue refrigerada la figura de Franco y está en la cabeza de todos», eran las palabras de Merino.

Obra ofensiva
La pieza era visitada ayer por el vicepresidente de la entidad con el objetivo de tomar unas imágenes desde todos los ángulos y emprender acciones legales por considerarla «ofensiva. Es caricaturesca, grotesca para la dignidad de una persona que, además, está muerta, que ha sido un gobernante de España durante cuarenta años, estadista y militar, y que forma parte de la Historia», asegura, para añadir que «se trata de una provocación», extremo con el que no está de acuerdo Merino: «No es una pieza ofensiva, es sólo parte del debate. No se puede escandalizar nadie. El arte genera debate, no es cuestión de personalizar. Además, aquí en ARCO hay entre 5 y 7 piezas sobre Franco que son más provocadoras que la mía».

Para Merino, «el arte no debe pasar desapercibido, es una manera de comunicar. Yo he hecho 20.000 obras y no más de cuatro son polémicas», asegura, al tiempo que subraya varias veces durante la conversación que «no entiendo el papel de la Fundación Francisco Franco». La entidad, por su parte, interpondrá una demanda la semana que viene, en principio por la vía civil, «aunque veremos si hay materia para ampliarla a la vía penal. Esto hay que pararlo con la Ley, ya que estamos en un Estado de Derecho, y limitar lo que está permitido de lo que no, porque, si no, nos retrotraeremos al siglo XIX y estamos en el XXI», comenta Jaime Alonso, quien confiesa que cuando tuvo delante la escultura «me sentí dolido, es como si viera la imagen de mi padre metida en un contenedor, en cuclillas, con las gafas oscuras, y con esa colocación de las manos tan absurda. Me imagino lo que habría sentido la familia. Es una provocación que se vale de lo recurrente y que aún puede herir sensibilidades». La Fundación ha decidido dar el paso de acudir a la denuncia contra Eugenio Merino «porque él es el reponsable de la pieza, pero también ARCO e Ifema lo son. Las piezas que llegan a la feria deberían pasar por un tamiz porque no creo que a estas alturas cualquier cosa, y lo digo por este bodrio, pueda ser considerada arte. Lo que queremos es pedir responsabilidades, de ahí que nos hayamos dirigido también a los directores de la galería», comenta.

Temas complejos
Merino dice que se considera amparado por la libertad de expresión y que no se imaginaba esto. Además, recuerda como referente a «La Codorniz», «una publicación con la que se intentaba que los lectores lo pasaran bien al tiempo que se tocaban temas complejos». Mientras, la figura de Franco sigue impertérrita en la galería. Le preguntamos al artista si la ha vendido o si hay posibilidades de ello: «Se han interesado tanto coleccionistas nacionales como extranjeros, pero ya se sabe que hasta el último día no se puede dar nada por hecho».

Parece que uno de los stands que mejor está funcionando es el de Ivory Press, con Elena Ochoa al frente. Las obras de Weiwei se han convertido en una reclamo. Curiosamente alternan espacio con las de otros artistas también perseguidos por su régimen: es el caso de Los Carpinteros, dúo que presenta una pieza impresionante, «Cuarteto rebelde» y que perciben la feria como «renacida». «Estamos encantados de coincidir con Ai. Nosotros también hemos tenido problemas con la censura en Cuba, pero no de tanto calado, aunque alguna pieza nos han descolgado», aseguran los dos artistas del colectivo al unísono.


Llegar hasta el final
El vicepresidente de la Fundación Francisco Franco, Jaime Alonso, asegura que con las acciones que van a emprender «queremos llegar hasta las últimas consecuencias. Frente a este tipo de atropellos no podemos quedarnos cruzados de brazos o mirar para otro lado. Denota el estado en que se encuentra la sociedad española, que está infectada y que sufre una paulatina pérdida de valores», dice.


El detalle
Carne habitual de titular

 En pasadas ediciones de ARCO acapararon la atención dos obras de Merino: una representaba a un trasunto de Damien Hirst a punto de dispararse en la sien (izda). Con «Starway to Heaven» (2010), (dcha), suscitó las protestas de la Embajada de Israel. Representó a un musulmán arrodillado con un sacerdote católico encima de él y, sobre éste, de pie, un rabino.