CRÍTICA DE CINE / «Flamenco flamenco»: La campana de cristal

Direc. y guión: Carlos Saura. Fotografía: Vittorio Storaro. Direc. musical: Isidro Muñoz. Participan: Miguel Poveda, Estrella Morente, Sara Baras... España, 10. Duración: 100 min. Documental.

Rocío Molina se anima a un garrotín cigarro en boca en «Flamenco, flamenco»
Rocío Molina se anima a un garrotín cigarro en boca en «Flamenco, flamenco»

Crear un muro de cristal a través del cual la luz y los colores se ven más brillantes y el sonido se oye más lejos pero más nítido, como en una ensoñación en la que todos cantan en «playback». Ése es el resultado de la serie de películas musicales que Carlos Saura ha orquestado con desigual fortuna a lo largo de 25 años y que encuentra su culminación en este «Flamenco, flamenco», que es como «Flamenco» al cuadrado, o sea, más de lo mismo. Las pantallas de luz y color del original encuentran su reflejo en las pinturas que representan motivos aflamencados (de Zuloaga a Julio Romero de Torres), y que se transforman en un trampantojo que no es otra cosa que el marco que desarrolla la atmósfera emocional de canciones y danzas. Atmósfera encerrada en la campana de cristal que a veces Saura sabe romper: ocurre en el baile de Sara Baras, cuyo expresivo cuerpo se alinea con un árbol que parece escoltarla desde la retaguardia, o con Miguel Poveda, cobijado circularmente por los carteles de las heroínas de la copla y el flamenco.

He aquí un «all stars» del cante y el zapateado actual, de los consagrados (Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, José Mercé) a los nuevos talentos (Farruquito, Estrella Morente). Ningún pero ponemos al gusto musical de Saura, que, desgraciadamente, envasa al vacío las vísceras de cada actuación. Lo que empezó como singular proyecto estético se ha convertido en fórmula frustrante, que no logra escuchar cómo late el corazón de los artistas que, a lo lejos por muy cerca que estén, se dejan la piel en el escenario mientras el ciclorama que los vigila dibuja un día y una noche que no logran existir.